sábado, 8 de octubre de 2011

CATEQUESIS COPTA


Catequesis en Deir el-Abyat, Monasterio Blanco (Sohag, Egipto)
Foto: Carmen del Puerto.

No estudian el Corán y probablemente no conozcan con mucho detalle los preceptos del Islam. Ellos son niños coptos, descendientes de los egipcios que abrazaron el cristianismo en el siglo I y hoy parte de una comunidad religiosa que intenta convivir de forma pacífica con la mayoría musulmana egipcia. Celebran la catequesis en el famoso Monasterio Blanco de Sohag, en el Alto Egipto, de hermosa fachada blanca por su piedra caliza. Aunque la población copta fue progresivamente abandonando su lengua original y adoptando el árabe oficial tras la conquista del país en el siglo VII, el clero de la Iglesia Monofisita Copta aún emplea el copto en su liturgia. Se trata de una variante del demótico que hablaban los antiguos egipcios, de ahí el gran interés para filólogos y egiptólogos. La esperanza de que no se pierda ese idioma definitivamente, los niños de la foto.

A UNO Y OTRO LADO DEL MURO ROJO


 
 Niñas y niños de Idool (Camerún).
Fotos: Carmen del Puerto.

No sabría situarlos muy bien en el mapa, aunque su bonito pueblo se llama Idool, cerca de Ngaounderé, en la provincia de Adamawa, la meseta central de Camerún. Ellas posan con timidez, escondiendo a un pequeño que se ha colado entre las coloridas telas de sus saris. Ellos, más sobrios en el vestir, miran a la cámara con menos vergüenza. No suelen ver blancos por los alrededores, probablemente por las malas comunicaciones, intransitables caminos de tierra roja como el muro de adobe de estas fotos. Pero si el viajero finalmente alcanza, aun con la ropa teñida por el polvo, este humilde poblado de eucaliptos gigantes, tendrá su recompensa. Más si le recibe el Lamido o líder local, hospitalario y muy preocupado por conservar las tradiciones.

LAS FLORES DEL PARQUE


Niñas australianas en el Hyde Park de Sidney (Australia).
Foto: Carmen del Puerto.

En Australia, con facilidad te quemas o te mojas. Los niños lo saben bien. En su mochila no falta un chubasquero, ni tampoco un sombrero en su cabeza, más si salen de paseo al parque más cercano. Como las niñas de esta foto, dispuestas a desayunar sobre la hierba lo que esconden sus tarteras. Sus pamelas blancas de ala media, con lazo oscuro en la copa, combinan con los globos de las farolas, mientras que sus impermeables fluorescentes, “marcadores” del paisaje, compiten con el manto rosa de las flores del jardín. Tanto colorido deslumbra hasta a las palomas (ver en el ímite inferior de la foto).

sábado, 1 de octubre de 2011

I LOVE PARIS: El escriba


 Cabeza de El escriba sentado. Museo del Louvre (París).
Foto: Carmen del Puerto.

¿Por qué me mira tan fijamente? ¿Tendremos algo en común? Quizá nos conocimos en otra vida, hace 4.000 o 5.000 años, en el Antiguo Egipto. Pero no, lo recordaría. Si bien es cierto que no es la primera vez que nos cruzamos las miradas. “Perdone que no me levante”, se excusa. “Llevo en esta postura tanto tiempo, que se me han dormido las piernas”. “Por mí no se preocupe”, le tranquilizo. “La que visito el Museo soy yo”. Y con una osadía que me traiciona, descargo: “Usted era un alto funcionario del lmperio, ¿verdad? Seguro que tenía un buen sueldo y le valoraban socialmente. Hoy, trabajando en la Administración, le recortarían la nómina. Ya sabe, la crisis. Y dudo de que algún medio de comunicación le contratara como periodista, por muy buen currículum que tuvieran los escribas egipcios. Y en esa faceta –concedo-, sí nos parecemos: nos gusta escribir, contamos historias, aunque usted con un cálamo sobre un papiro y yo con un teclado sobre una pantalla de ordenador. Realmente no es tanta la diferencia y los dos hacemos uso de la retórica”. “Yo me siento muy orgulloso de mi oficio”, me dice con sus ojos de cristal, córneas de alabastro, iris de basalto y pupilas de plata.

I LOVE PARIS: Rien de rien


 La Torre Eiffel, vestida de noche.
Foto: Maryola Porras del Puerto.

Edith Piaf, como la Torre Eiffel, es un icono parisino universal. Hija de acróbata y criada en un prostíbulo, la musa de los existencialistas devino en la gran dama de la canción francesa. “El pequeño gorrión”, toda una leyenda, ayudó a Yves Montand, Gilbert Bécaud, Charles Aznavour y Georges Moustaki en sus carreras musicales. Con voz quebrada, nos dejó su filosofía en una canción con letra de Michel Vaucaire y música de Charles Dumont. Aquella mujer menuda, que vestía de negro y resistía la vida con dosis de morfina, no lamentaba nada. Su “himno” emociona tanto...

(Elena, gracias por descubrirme en francés el mensaje de esta canción)

NON, JE NE REGRETTE RIEN

Non, rien de rien……… No, nada de nada
non, je ne regrette rien….. no, no lamento nada
ni le bien qu'on m'a fait, ni le mal…. ni el bien que se me hizo, ni el mal
tout ça m'est bien égal…. todo eso me da igual.

Non, rien de rien……. No, nada de nada
non, je ne regrette rien…… no, no siento nada
c'est payé, balayé, oublié….. está pagado, barrido, olvidado,
je me fous du passé…… mis locuras del pasado.

Avec mes souvenirs…… Con mis recuerdos
j'ai allumé le feu……….. encendí el fuego
mes chagrins, mes plaisirs….. mis tristezas, mis placeres
je n'ai plus besoin d'eux…. no los necesito más
balayés mes amours….. barridos mis amores
avec leurs trémolos….. con sus temblores
balayés pour toujours….. barridos para siempre
je repars à zéro…. vuelvo a partir de cero.

Non, rien de rien…. No, nada de nada
non, je ne regrette rien…. no, no lamento nada
ni le bien qu'on m'a fait, ni le mal….. ni el bien que se me hizo, ni el mal
tout ça m'est bien égal…. todo eso me da igual.

Non, rien de rien…..No, nada de nada
non, je ne regrette rien……no, no lamento nada
car ma vie……. porque mi vida
car mes joies….porque mis alegrías
aujourd'hui……. hoy
ça commence avec toi... comienzan contigo…


Non, je ne regrette rien, por Edith Piaf (1961):

No regrets, por Shirley Bassey (1964):