domingo, 9 de septiembre de 2012

SERIE GABÓN: La paradoja de un país


 
Dibujos realizados por niños del Hospital Albert Schweitzer de Lambaréné (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

Un informe de UNICEF llama la atención sobre la paradoja de un país como Gabón, que si bien “disfruta de una economía saludable y condiciones políticas estables”, con una “robusta economía sustentada principalmente por el petróleo” y “un ingreso per cápita de unos 7.000 dólares anuales”, mantiene un 40% de sus habitantes viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Y añade este informe: “Un factor que agrava esa situación es que debido a sus altos ingresos en concepto de venta de petróleo, el Gabón no puede recibir ayuda de diversas iniciativas internacionales de socorro, como la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización.” Problemas económicos a los que sumar los relativos a educación (hacinamiento y deserciones, especialmente de niñas y mujeres), mortalidad en la niñez (74 de 1.000 menores de 5 años) e incidencia del sida (5,2% en 2009).

Según personal médico que trabaja en el Hospital Albert Schweitzer de Lambaréné, este centro atiende a pacientes que se niegan a hacerse la prueba del sida por temor a contagiarse con el test mismo y, obviamente, a sufrir rechazo social en caso de confirmarse el diagnóstico. En este país falla la educación y la información, y cuando se dispone de esta última, los medios para evitar el contagio no están al alcance de la población. Todo ello pese a campañas como “CAN sin sida”, que distribuyó 488.000 preservativos durante la Copa Africana de Naciones de 2012, apoyada por leyendas del fútbol como el brasileño Pelé y el camerunés Samuel Eto’o, muy querido en Gabón.

SERIE GABÓN: Se llamaba Albert y era alemán…


 
 Retrato de Albert Schweitzer en el Museo del Hospital que lleva su nombre en Lambaréné (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.
Fotografía de Albert Schweitzer (Kaysersberg, 1835-Lambaréné, 1965).
Foto de foto: Carmen del Puerto.

No, no hablo de Einstein, aunque se llamaba Albert, fue su contemporáneo y amigo y tenía cierto parecido físico con el genial científico. También era alemán por nacer en Alsacia cuando esta región, que tantas veces cambió de soberanía, pertenecía al Imperio del káiser Guillermo I y no constituía, como hoy, un departamento francés sede de la diplomacia europea. Este otro Albert no era físico, sino médico, filósofo, teólogo protestante, escritor, músico y misionero. Y sus méritos debieron de ser muchos para que recibiera, como Einstein, un Premio Nobel, en su caso de la Paz.

Cartel con un texto manuscrito de Albert Schweitzer a la entrada del Museo del Hospital de Lambaréné (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

“Frente a las tres islas situadas en el río Ogooué, en el pueblo de Igendja, 80 km aguas abajo de Lambaréné, me vino la revelación, un día de septiembre de 1915, de que el RESPETO por la vida es el Principio elemental de la Ética yde la Verdadera Humanidad.”
ALBERT SCHWEITZER.

 Museo del Hospital Albert Schweitzer en Lambaréné (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

En Lambaréné le veneran. La capital de la provincia Moyen-Ogooué, al oeste de Gabón, le debe su celebridad, destacada en las guías de viaje. En 1913, Albert Schweitzer, con su esposa Helene, fundó allí, en plena selva de la África Ecuatorial Francesa, el hospital que lleva su nombre para atender a leprosos y a víctimas de la enfermedad del sueño, que propaga la mosca tsé-tsé. La Primera Guerra Mundial interrumpió su obra. Incluso fue confinado a un campo de prisioneros de guerra (es lo que tenía estar, por su origen alemán, en el bando equivocado). Después recaudó fondos dando conferencias sobre sus ideas filosóficas y conciertos de órgano con música de Bach para reconstruir su viejo hospital en 1924 y proseguir su labor humanitaria. Hoy ese hospital es el centro médico más conocido de Gabón.

sábado, 8 de septiembre de 2012

SERIE GABÓN: Postal gabonesa


Puesta de sol sobre una orilla del río Ogooué, cerca de Omboué (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

El río Ogooué, “tan proceloso y peligroso como el Congo aunque no arrastre su fama”, “el río ecuatorial más hermoso y a la vez violento del mundo”. Así lo describía en el siglo XIX la exploradora inglesa Mary Kingsley en sus diarios sobre el África Occidental. Ella se enamoró de este inmenso río gabonés, que tantas veces remontó en canoa. Un río navegable que nace en los Montes Ntalé, en la República del Congo, entra en Gabón dividiéndolo en dos mitades, supera los 1.000 km de longitud y desemboca en el Atlántico formando un delta pantanoso al sur de Port-Gentil, junto a las plataformas petrolíferas gabonesas. El río Ogooué, imposible no amarlo, sobre todo cuando lo has surcado atrevidamente en rústicas embarcaciones, piraguas o pateras, e imposible olvidar esta puesta de sol contemplada desde una de ellas.

SERIE GABÓN: Gabón en el mapa


Niña de Lambarené (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

La niña de Lambaréné me señala en el mapa su continente: un bonito puzzle de colores sobre un azul eléctrico pintado en la pared. Pero, entre tantos países, no sabe muy bien por dónde queda el suyo. Y me sonríe avergonzada. Ignora que yo tampoco lo situaba con precisión hasta planificar mi viaje. Y es que “El Gabón” se esconde, entre un 80% de selva y río, junto al océano, quizá para no contagiarse de conflictos como algunos de sus vecinos, quizá para seguir latiendo de incógnito en una África siempre convulsa. Te invito a descubrir este país tranquilo y singular en el mapa mudo que ilustra hoy el bazar de la Retórica.

viernes, 7 de septiembre de 2012

“YES, WE CAN”


Cañadas del Teide (Tenerife).
Foto: Carmen del Puerto.
Tarifa (Cádiz).
Foto: Carmen del Puerto.
Betancuria (Fuerteventura).
Foto: Carmen del Puerto.

En la escuela aprendimos aquello de los reinos animal, vegetal y mineral en que se dividía la Naturaleza con mayúscula, antes de que la Biología se complicara. La materia viva se diferenciaba de la inerte, la orgánica de la inorgánica, la natural creada por Dios de la artificial creada por el Hombre. Había pocas opciones que rompieran ese esquema, propio de la Enciclopedia Álvarez de la posguerra española. También estudiamos que “la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”, ley postulada en el siglo XVIII por el químico francés Antoine-Laurent de Lavoisier antes de ser guillotinado. Nadie discutía este principio, hasta que llegaron las matizaciones del físico alemán Albert Einstein, para quien masa y energía pasaron a ser equivalentes. Es más, ni el átomo era indivisible, en contra de su etimología, ni los cielos inmutables, como demostrara el astrónomo danés Tycho Brahe al observar la supernova que lleva su nombre en la constelación de Casiopea. Los paradigmas científicos cambian, como puede hacerlo, no sin dificultades, la realidad más despiadada. Hoy la vida se abre paso entre las piedras, como las flores de mi blog. No importan los obstáculos que haya en el camino. Si ellas pueden, nosotros también.


sábado, 4 de agosto de 2012

Gladiolos blancos para Roberto


 Foto: Carmen del Puerto.


Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando…

(De las hondas Coplas de JORGE MANRIQUE)


Se llamaba Roberto y se ha ido, tan joven, sin permiso.
Me siento torpe buscando palabras que consuelen, que me consuelen.
Quizá no existan. 

A mi amiga Elena, por ese dolor tan lacerante que hoy compartimos.

 “Knockin’on Heaven’s Door”, triste canción inmortal de Bob Dylan: