sábado, 18 de febrero de 2012

El cuento de la mariquita


Niño disfrazado en el Carnaval de Nápoles (Italia).
Foto: Carmen del Puerto.

Una inquieta mariquita paseaba por las calles de una ciudad bullanguera. Su inestable forma de caminar preocupaba a su progenitor, que la acompañaba pendiente de una posible caída. Pero la pequeña coleóptera no quería darle una de sus patas, ni siquiera una antena. Se sentía orgullosa del vivo color de sus moteados élitros, las gruesas alas que le hacían de caparazón. Sabía que el rojo de su espalda mantendría alejados a sus depredadores. Ufana, siguió haciendo pruebas de equilibrio y negándose a la ayuda paterna. Posiblemente, nuestra valiente mariquita soñaba con ir al espacio y formar parte de una misión científica sobre el comportamiento de los artrópodos en condiciones de microgravedad. Y es que la vida es sueño, pero también un carnaval.

A una nariz

Máscara napolitana de Polichinela.
Foto: Laura PDP.

Podría parecerlo, pero Francisco de Quevedo no pensaba en el Polichinela de la Comedia del Arte, donde tanto se improvisaba. No se inspiró en el personaje napolitano de prominente y aguileña nariz que imponía su criterio a garrotazos. El escritor, de gafas homónimas, parodiaba a su coetáneo Luis de Góngora con superlativas metáforas en torno a su apéndice nasal. Conceptismo mofándose del Culteranismo en un satírico soneto que estudiamos en la escuela e ingeniosa manifestación de la rivalidad literaria que, más allá de la retórica, existía entre estos dos poetas barrocos.

A UNA NARIZ

 Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.

La niña del confetti

Niña disfrazada en una calle de Nápoles.
Foto: Carmen del Puerto.

Sus padres atienden un puesto de confetti en una calle de Nápoles, mientras ella luce un elaborado vestido de época sobre una alfombra de coloridas trizas de papel. Es Carnaval y hay que darle un tono festivo a la celebración. De modo que la niña hace lo propio y se divierte lanzando al aire una lluvia de confetti. Pero mi mirada digital la intimida. Quizá tema ser reprendida por su cándida inocencia, como si yo fuera un carabinieri que fuera a desmantelar el negocio familiar. Pero unos segundos después, la bambina me sonríe. El miedo ha pasado y la fiesta continúa.

Arlequinas

Jóvenes sorrentinas disfrazadas de arlequinas en época de Carnaval. 
Foto: Carmen del Puerto.

No son musas de Picasso, aunque el pintor malagueño incorporó arlequines a su compleja iconografía. Las jóvenes sorrentinas de la foto son modelos ocasionales. Con sonrisas, rombos y pompones, posan sin saberlo para el bazar de la Retórica. Y con su cromático disfraz, me permiten rendir tributo a la “Comedia del Arte”: un teatro de máscaras, de las que se libraban los personajes femeninos, con la excepción a veces de la ingeniosa sirvienta Colombina (también llamada Arlequina), por la que hoy se conoce una famosa máscara veneciana. Tampoco se enmascaraban Pedrolino (Pierrot), con su cara enharinada, y los enamorados, cuyos rostros debían expresar abiertamente sus sentimientos. Los estereotipados personajes masculinos (Arlequín, Briguella, Il’Dottore, Il’Capitano, Polichinela, Somardino, Pantalone…) se ocultaban, en cambio, tras una media máscara de Carnaval que sólo les cubría los ojos y la nariz y dejaba despejada la boca para hablar sin obstáculos. La máscara, que había sido condenada por la Iglesia, resumía todas las características psicológicas de cada personaje. Pero de la Comedia del Arte me interesa destacar la presencia de la mujer en el oficio teatral, un logro progresista en la Italia del siglo XVI. Por la misma época, las menos liberales compañías de teatro inglesas sólo contrataban a hombres, que hacían, travestidos, los papeles femeninos.

sábado, 11 de febrero de 2012

“Desmayarse”

 
 
Orquídeas.
Fotos: Carmen del Puerto.

Y pensar que Lope de Vega fue ordenado sacerdote… Un hombre conocido por sus aventuras amorosas, que dejaron 15 hijos entre legítimos e ilegítimos, también llamado “Fénix de los Ingenios” y “Monstruo de la Naturaleza”. ¡Fue tal su productividad! Pero si hoy reivindico a este madrileño del Siglo de Oro es porque se atrevió a definir el amor en un soneto.

DESMAYARSE

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño:

creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.

 

“Reloj, no marques las horas”

Torre del Reloj del Palacio de Westminster, en Londres,
donde se encuentra la gran campana llamada Big Ben.
Foto: Carmen del Puerto.


¿Y si el tiempo no existiera o se dilatara como en la pintura de Dalí? No habría bolero. Quizá ya el mexicano Armando Manzanero lo intuyó cuando compuso la letra de la canción, alegato contra el tiempo como magnitud absoluta, con su presente, pasado y futuro. Quizá sabía de la teoría de la Relatividad Especial, en la que el tiempo es elástico y se distorsiona, o de la hipótesis de la discontinuidad del tiempo, formulada por la Mecánica Cuántica. Y quizá también sabía que el “tic tac” se mantiene hasta en los relojes atómicos, calibrados para contar 9.192.631.770 vibraciones del átomo de Cesio en cada segundo o intervalo de la onomatopeya.

RELOJ, NO MARQUES LAS HORAS

Reloj, no marques las horas
porque voy a enloquecer.
Ella se irá para siempre
cuando amanezca otra vez.

No más nos queda esta noche
para vivir nuestro amor.
Y tu tic-tac me recuerda
mi irremediable dolor.

Reloj, detén tu camino
porque mi vida se apaga.
Ella es la estrella
que alumbra mi ser.
Yo, sin su amor, no soy nada.

Detén el tiempo en tus manos.
Haz esta noche perpetua
para que nunca se vaya de mí,
para que nunca amanezca.


Bolero “Reloj, no marques las horas”, cantado por Lucho Gatica:

http://www.youtube.com/watch?v=5Y8UpoKF5LM 

Los “besos” de Gabriela Mistral

 El beso (1969) de Pablo Picasso, en el Museo Nacional Picasso de París.
Fuente: http://9bytz.com/happy-birthday-pablo-picasso/

Gabriela Mistral se llamaba Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga. Pero la escritora modernista optó por un seudónimo que honraba al poeta italiano Gabriel D'Annunzio y a su homólogo francés Fréderic Mistral, a quienes sin duda admiraba. Comprometida con la justicia social y los derechos humanos, escribió “El árbol de Guernica”, obra inspirada en el bombardeo de la aviación alemana sobre la población de esta localidad vasca en la Guerra Civil Española. También Pablo Picasso expresó su condena por la masacre en un cuadro universal. Pero ésta no es la única conexión entre los dos artistas. El malagueño pintó un apasionado beso cubista. La chilena escribió un apasionado poema sobre los besos. Por su producción poética y su labor en la difusión de la cultura, la llamada “reina de la literatura americana” obtuvo el Premio Nobel en 1945.

BESOS

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada,
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles,
hay besos enigmáticos, sinceros,
hay besos que se dan sólo las almas,
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien, son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenaron sé de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.

Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

“Bésame mucho”

 Detalle de El beso (1907-08), de Gustav Klimt, en la galería Belvedere (Viena, Austria).
Foto de la reproducción: Carmen del Puerto.

El beso (1886), escultura en bronce de Auguste Rodin,
en la exposición “Rodin i la revolució de l’escultura. De Camille Claudel a Giacometti”,

celebrada en la CaixaForum de Barcelona en 2005.
Foto: Carmen del Puerto.

“Bésame mucho”, dice el bolero. Pero pocos saben que esta melodía, por tantas voces interpretada, fue compuesta en 1940 por una pianista y compositora mexicana cuando sólo tenía 16 años. Consuelo Velázquez se llamaba. Hoy su legado altera los sentidos. Especial para oídos románticos y labios de fresa.

BÉSAME MUCHO

Bésame, bésame mucho,
como si fuera esta noche
la última vez.
 
Bésame, bésame mucho,
que tengo miedo a tenerte
perderte después.
 
Quiero tenerte muy cerca,
mirarme en tus ojos,
y tenerte junto a mí.
 
Piensa que tal vez mañana,
estaré muy lejos,
muy lejos de ti.
 
Bésame, bésame mucho,
que tengo miedo a perderte,
perderte después.


“Bésame mucho”, por Consuelo Velázquez:

“Bésame mucho”, por Cesaria Evora:
http://www.youtube.com/watch?v=Esdl_3kKSBk 

Adulterio

Le baiser (2005), escultura del escultor chino Wang Du.
Centro George Pompidou de París.
Foto: Carmen del Puerto.

Ahora que se acerca su onomástica, si San Valentín viera esta escultura, probablemente excomulgaría a la mujer. Aunque si ella fuera musulmana, le iría mucho peor. La Sharía o ley por la que se rigen los países islámicos prevé para una adúltera la muerte por lapidación. Lo que no se aplica si son ellos los infieles. El adulterio ha sido moralmente censurado y hasta considerado un delito a lo largo de los siglos, pero tradicionalmente ha sido más tolerado y socialmente aceptado en los hombres que en las mujeres. En España, el adulterio fue despenalizado el 19 de febrero de 1978, siendo Adolfo Suárez presidente del Gobierno y Landelino Lavilla su ministro de Justicia. Hasta entonces, las mujeres podían ser castigadas con seis años de prisión si cometían adulterio, frente a la impunidad de esta misma conducta en el caso del hombre. Sin hacer apología de la infidelidad, confiemos en que no se produzca una involución en nuestro Código Penal.

Postales románticas

 
De arriba abajo, puestas de sol en Sidi Ifni (Marruecos), Trinidad (Cuba) y Sutherland (Sudáfrica).
Fotos: Carmen del Puerto.

Nunca he estado en el lago azul Ypacaraí, a 48 km de Asunción, la capital de Paraguay. Pero me imagino que tendrá una espectacular puesta de sol como las de estas fotos. También me imagino que ofrecerá un entorno romántico para “una noche hermosa de plenilunio”, como dice la guaranía “Recuerdos de Ypacaraí”. Me gusta mucho esta melodía paraguaya, con versos de Zulema de Mirkin y música de Demetrio Ortiz, que me cantaba una compañera de colegio acompañada de su guitarra y una dulce voz. Ella ya no podrá cantarla nunca más, pero ahora compiten en YouTube las versiones de Julio Iglesias y Caetano Veloso.
 
RECUERDOS DE YPACARAí
 
Una noche tibia nos conocimos
junto al lago azul de Ypacaraí.
Tú cantabas triste por el camino
viejas melodías en guaraní. 
 
Y con el embrujo de tus canciones
iba renaciendo tu amor en mí
y en la noche hermosa de plenilunio
de tu blanca mano sentí el calor
que con sus caricias me dio el amor. 
 
¿Dónde estás ahora, cuñataí,
que tu suave canto no llega a mí?
¿Dónde estás ahora?
Mi ser te añora
con frenesí. 
 
Todo te recuerda, mi dulce amor,
junto al lago azul de Ypacaraí.
Todo te recuerda,
mi amor te llama,
cuñataí.


“Recuerdo de Ypacaraí”, cantada por Julio Iglesias:

 http://www.youtube.com/watch?v=EZnBpHSWHms

“Recuerdo de Ypacaraí”, cantada por Caetano Veloso:

 http://www.youtube.com/watch?v=-N6HCKaInVA

El amor es ciego

Los amantes (1928), de René Magritte. Colección privada, Bruselas, Bélgica.
Fuente: http://revistaatticus.es/2010/03/23/los-amantes-de-rene-magritte-un-amargo-beso
 
¿Cómo pudo enamorarse Fiona de Shrek? ¿O la Bella de la Bestia? La respuesta de la neurobiología: los enamorados pierden la capacidad de criticar a sus parejas al desactivarse la zona del cerebro responsable del juicio social. El amor es “una adicción química entre dos personas", señala Mara Dierssen, neurobióloga del Centro de Regulación Genómica de Barcelona. En otras palabras, “liberación de dos hormonas que actúan como neurotransmisores: dopamina y serotonina”, una definición más prosaica que la ofrecida por la Real Academia Española: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”.

sábado, 4 de febrero de 2012

Parada en el Salar de Uyuni

 Foto: Ricardo Porras. 

Bolivia, octubre 2004.

El mayor desierto de sal del mundo se encuentra en Bolivia, por mucho que quieran apropiárselo los países vecinos del sur. Está a más de 3.600 metros de altura, cerca de las legendarias minas de Potosí, aquellas que dieron tanta plata al Imperio español explotando salvajemente a la población indígena; aquellas que inspiraron a Cervantes la expresión quijotesca “vale un Potosí” para referirse a algo sumamente valioso; aquellas que financiaron la Armada Invencible y otros excesos de los Austrias hasta que las vetas comenzaron a agotarse.

Contiene 64.000 millones de toneladas de sal y es la mayor reserva mundial de litio, posible sustituto energético del petróleo, aunque de muy difícil extracción por la falta de agua. A orillas del salar se encuentran varios hoteles construidos con bloques de sal, pero los viajeros que han de cruzar este insólito paraje en blanco no siempre pueden hacer sus necesidades fisiológicas en ellos. Así que la flota (autobús boliviano) debe hacer una parada “técnica” en la inmensidad de este océano de sal y los pasajeros pueden elegir entre los miles de polígonos naturales formados en el proceso de cristalización. Eso sí, las mujeres a un lado, los hombres al otro.

Una curiosidad:
Composición del salar (en salmueras): cloro, sodio, fosfatos, magnesio, potasio, ulexita, litio, calcio y boro.
Composición de la orina: agua, urea, nitrógeno, cloruros, cetosteroides, fósforo, amonio, creatinina y ácido úrico.

De Banyo a Ngaounderé

 
Fotos: Ricardo Porras y Carmen del Puerto. 

Camerún, 14/03/2006.

“Seguridad y confort” es el lema de la compañía de transportes camerunesa Mayo-Banyo-Voyage. Pero debe de ser un chiste. Si hicieras un viaje de Banyo a Ngaounderé, podrías comprobarlo: nueve horas dentro de una perrera, con el overbooking africano habitual, por caminos infernales y a una velocidad de vértigo, donde la pericia del conductor impide, o no, chocar con otro vehículo que venga de frente tras una curva.

Lo mejor, sin duda, los pasajeros. Podrías compartir la mitad del asiento con una niña de 8 años que va vestida de negro, adornada con colgantes y pulseras doradas, y su abuela, que no deja de sonreírte. Podrías también ofrecerte solidaria a llevar encima, durante todo el viaje, a uno de los bebés de una madre apurada, pero siendo consciente de que ningún miembro de la prole lleva pañales. Y convendría tener a mano globos o golosinas para ganarse su confianza.

Sólo sus sonrisas te harían olvidar el peligro que supone la “carretera”, tanto para los que van dentro del autobús, como para los peatones que circulan por sus bordes. Todo Camerún parece vivir en los márgenes de los caminos, cerca de los cables de luz. De poblado en poblado, continuas señales de tráfico con figuras humanas negras y carteles informando del número de muertos en cada punto resultan bastante explícitos.

Ensayos clínicos en la ruta maya

  
Autobús de Guatemala
Foto: Ricardo Porras.

Artesanía guatemalteca.
Foto: Carmen del Puerto.

Muchos de los autobuses urbanos en Guatemala son buses escolares de Estados Unidos hasta que allí dejan de ser aptos para el servicio por razones medioambientales y de seguridad. En cambio, los guatemaltecos, con un menor nivel de exigencia, aún les sacan partido a estos sólidos vehículos, que son restaurados, decorados y cargados profusamente.

Pero no siempre las relaciones con Estados Unidos han sido tan ventajosas para el país de las ruinas de Tikal. Hoy sabemos que, entre 1946 y 1948, Guatemala fue el campo de pruebas de un masivo experimento clínico de la Secretaría de Salud del Gobierno de EEUU, encabezado por un hombre sin escrúpulos llamado John Cutler, que inoculó a la población, con engaños, enfermedades de transmisión sexual (sífilis y gonorrea). Los conejillos de indias: 5.500 pacientes entre prostitutas, soldados, huérfanos, indígenas y deficientes mentales, de los cuales 1.300 resultaron infectados y 83 muertos.

Cutler repetía así el experimento “Tuskegee”, realizado entre 1932 y 1972 con cientos de negros pobres y analfabetos de Alabama, que sirvieron, sin saberlo, para estudiar los efectos a corto y a largo plazo de la sífilis, enfermedad por la que muchos murieron.