sábado, 16 de junio de 2012

ESTAMBUL: La astrónoma turca que tenía pasaporte mexicano


 Cúmulo Pismis 24, junto a la nebulosa NGC 6357, en la constelación de Escorpión,
descubierto por Paris Pismis en 1959.
Crédito: NASA, ESA y J. Maíz Apellániz (IAA).
En el recuadro superior, la astrónoma Paris Pismis.
Foto: Carmen del Puerto.

En 1994 tuve la oportunidad de entrevistar a Paris Pismis (las eses de su apellido llevan cedilla) durante su estancia en el Instituto de Astrofísica de Canarias. La entrevista fue publicada en IAC Noticias (N. 3-1994, pp. 30-33). Falleció en 1999, cuando tenía 88 lúcidos años. Hoy la recuerdo en el bazar de la Retórica porque fue turca de nacimiento, una eminente astrónoma y, sobre todo, una gran mujer.

Se reproducen a continuación extractos de aquella entrevista personal.


PARIS PISMIS
La pasión turca: más de cincuenta años dedicados a la Astronomía

Su peculiar historia comparte escenario con la novela de Kenizé Mourad De parte de la princesa muerta. Como el personaje de la literatura, Paris Pismis cuenta que “vivió de niña la vigorosa revuelta de Mustafá Kemal (Atatürk, ‘el padre de los turcos’), que acabó con el decadente régimen de sultanato en Turquía”. También viajó y dejó parte de su vida en otros países, tan diferentes como Estados Unidos y México. Hoy se confiesa una viajera incansable, atrevida y sencilla a la vez. Orgullosa de ser mujer de Ciencia, mantiene que la mente humana no tiene límite y que nada reemplaza al sentido común. Vinculada a la Universidad de Harvard en su juventud, la profesora Paris Pismis es actualmente miembro del Instituto de Astronomía de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y una de las astrónomas de mayor prestigio del mundo. Su estancia en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) vuelve a coincidir, como en anteriores ocasiones, con algún acontecimiento de excepción: esta vez, los pequeños fragmentos de un cometa chocan con Júpiter, el gran planeta de nuestro Sistema Solar.”

“La vida de un astrónomo está llena de sorpresas”, comenta Paris Pismis. “La emoción y la excitación llegan con cada nuevo descubrimiento, siempre que el astrónomo tenga la madurez necesaria y cuente con información actualizada para apreciar la relevancia del hallazgo en el marco del universo conocido.”
“La Astronomía tiene muchas facetas –advierte-, desde el más simple trabajo observacional a los desarrollos teóricos más profundos. Como un todo, la Astronomía es un mosaico donde las diferentes piezas deberían combinarse para ofrecer una imagen del Universo donde vivimos.”

TURQUÍA Y ATATÜRK

“En Turquía, ahora hay una tendencia de ir hacia atrás. Mi tiempo coincidió con el de Atatürk y con los cambios que él introdujo. Fueron cambios demasiado rápidos; siguieron un poco después de su muerte, pero últimamente, los cambios en Irán han afectado un poco el ambiente. En cuanto al libro De parte de la princesa muerta, cuyo primer capítulo se ambienta en Turquía, creo que está muy bien documentado. Pero al leerlo, sentí que había algo en contra de los cambios de Atatürk, porque la madre de Kenizé Mourad sufrió mucho. Seguí con mucho interés si mi memoria y lo que había oído en la familia coincidían con el libro, y sí, coincidían muy bien. Pero después no pude seguir su vida fuera de Turquía.”

Puerta de la Universidad de Estambul.
Foto: Marta Lorena García Alonso.

LA OSADÍA DE “MADAME CURIE”

Hija de armenios, Paris Pismis nació en Estambul (Turquía), hace más años de los que en realidad aparenta. Su ilustre apellido, que en turco significa “bien cocido” o “bien maduro”, es algo así como un título nobiliario que le fue concedido al abuelo de su abuelo, entonces Ministro de Finanzas en Turquía, por cierto sultán en dificultades.

Además de armenio y turco en la “escuela primaria”, tuvo que aprender inglés y francés en la “escuela secundaria y preparatoria”. “Era una escuela americana -la American Mission Board-, una escuela que trataba de hacerse conocer en los ahora llamados países del Tercer Mundo, y Turquía era uno de ellos”, señala. Pese a las dificultades iniciales para seguir regularmente los cursos en inglés, Paris Pismis llegó a ser la primera de su promoción. Hoy, su idioma predilecto es el alemán; la inspiración de aprenderlo proviene de su gran afición: cantar Lieder de Schubert.

Después, las matemáticas llamaron su atención, que por su dificultad era algo a lo que las mujeres no solían acceder, según la creencia de entonces. Sin embargo, “si Madame Curie pudo hacer trabajos teóricos, por qué yo no”, se dijo. Paris Pismis tenía 18 años y todo el empeño por vencer el reparo a que ella, de buena familia y educada en escuelas femeninas, fuera a la universidad, donde se pensaba que las mujeres iban a divertirse o a encontrar marido. Expresado con sus propias palabras, lloró sistemáticamente hasta convencer a sus padres de que debía seguir estudiando.

En los últimos años de carrera, estudió Astronomía Teórica, llamando ya entonces la atención de su profesor. Pero tan pronto terminó los cursos, la Universidad tomó una dirección nueva “Todos los maestros fueron jubilados y sustituidos por profesores que venían de Alemania, que escapaban de Hitler. La Universidad se llenó de profesores extranjeros, el 90%. También vinieron astrónomos conocidos, y yo trabajé con alguno de ellos, como Finley Freundlich, que a diferencia de mis anteriores maestros sí había hecho investigación. Con mucha ilusión, empecé a trabajar con Freundlich, aprendí con él la astrofísica que no sabía y traduje sus cursos del inglés al turco; mientras tanto perfeccioné el alemán.”

Tras obtener el doctorado en Turquía, con una tesis dirigida por Freundlich sobre la rotación de nuestra galaxia, Paris Pismis permaneció más de tres años en Estados Unidos, en la sección de Astronomía de la Universidad de Harvard. Por esta universidad, la de mayor prestigio en aquella época, pasaban los astrónomos famosos, especialmente en 1939 (Shapley, Morgan…), con motivo de lo que fue la primera “escuela de verano”, en la que Pismis participó.

Tras casarse con Félix Recillas, un mexicano que conoció en Harvard estudiando Astronomía y hoy prestigioso doctor en Matemáticas, se marchó a México justo cuando se inauguraba el Observatorio de Astrofísica de Tonantzintla, y allí aprendió español, su sexto idioma. Cuatro años después estuvo de nuevo en Estados Unidos con una beca Guggenheim y de regreso a tierras mexicanas se incorporó a la Universidad, que tenía el Observatorio de Tacubaya, creado en 1878. “Allí empezamos a formar estudiantes. Yo era la encargada de impulsar y darle ‘sabor’ a la Astronomía. Tenía tres jóvenes que venían de la Facultad de Ciencias, Física y Matemáticas, con ellos empezamos a trabajar. Trataba de mostrar lo que tenía la Astronomía: teoría, por ejemplo, para que se dieran cuenta de que la Astronomía no es sólo ‘bla, bla, bla’, sino que tiene raíces.”

Actualmente es miembro emérito formal de la UNAM. “En México –subraya- no se tiene que hablar necesariamente de jubilación. Disfruto de todos los derechos de mi instituto, no estoy jubilada y sigo trabajando. No lo hago muy rápidamente, pero siempre pienso.” Con pasaporte mexicano, Paris Pismis sigue viajando a Turquía una vez al año. A pesar de los agotadores viajes transatlánticos, visita Esmirna, donde se encuentra el grupo de Astronomía que ella misma ayudó a crear. Ha sido y es maestra de maestros, muchos de ellos de renombre internacional. En familia, también vive rodeada de científicos: tanto sus dos hijos como su nieto, que últimamente la acompaña en sus viajes, están relacionados profesionalmente con la Astronomía y las Matemáticas.

“Astrónomo” es la profesión que acreditan sus documentos y rara vez se ha dedicado a algo que no fuera la Astronomía, abordándola tanto en trabajos teóricos como en el plano observacional. Sólo dos grandes hobbies: la música –a los siete años aprendió a tocar el piano- y la pintura. Siente el orgullo de haber pintado la primera cúpula ortogonal, telescopios a colores, un rincón del Observatorio de Tonantzintla y los maguey que desde él se observan, como si de estrellas se tratara.

ESTAMBUL: El astrónomo turco que descubrió el asteroide de un príncipe



Ilustraciones de Antoine de Saint-Exupéry para El Principito.

El Principito venía del asteroide B 612. No he encontrado referencias sobre este “pequeño planeta” (el asteroide real con esa numeración se llama Veronika y fue descubierto en 1906 por August Kopff desde el Observatorio de Heidelberg, en Alemania). Tampoco he averiguado nada sobre los seis planetas que el Principito visitó antes de la Tierra, pero por algo su existencia es mera ficción. Aun así sabemos que el asteroide tenía tres volcanes y que era tan pequeño que nuestro personaje de la literatura, con sólo mover su silla, podía ver hasta 43 puestas de sol diferentes, crepúsculos de otros tantos astros circundantes.

“Este asteroide sólo ha sido visto una vez con el telescopio, en 1909, por un astrónomo turco. El astrónomo hizo, entonces, una gran demostración de su descubrimiento en un Congreso Internacional de Astronomía. Pero nadie le creyó por culpa de su vestido. Las personas grandes son así.
Felizmente para la reputación del asteroide B 612, un dictador turco obligó a su pueblo, bajo pena de muerte, a vestirse a la europea. El astrónomo repitió su demostración en 1920, con un traje muy elegante. Y esta vez todo el mundo compartió su opinión.
Si os he referido estos detalles acerca del asteroide B 612 y si os he confiado su número es por las personas grandes. Las personas grandes aman las cifras.”
(ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY. El Principito. Emecé. Barcelona, 1995. p. 19)

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 Sello postal conmemorativo del 75º aniversario de la República Turca.
Foto: Carmen del Puerto.

Con estos párrafos de su lírica parábola, el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry se mofaba tanto de los astrónomos profesionales como de la modernización turca que impulsó en 1923 Mustafá Kemal Atatürk, “el padre de los Turcos”, fundador de la República que puso fin a siglos de sultanato otomano. Los turcos cambiaron su manera de vestir tras la Primera Guerra Mundial adaptándose cada vez más a las pautas occidentales. Pero Atatürk, que murió de cirrosis, no sólo reformó el código del vestido prohibiendo el fez y el velo, también creó un estado laico, cambió el alfabeto árabe por el latino, adoptó el calendario gregoriano, abolió la poligamia, admitió mujeres en cargos públicos, cerró los monasterios de derviches y ordenó disolver los harenes. Las mujeres allí encerradas procedían en su mayoría de tierras lejanas del Imperio, eslavas de Rusia, el Cáucaso o los Balcanes (las musulmanas no podían ser esclavizadas) que habían sido secuestradas o vendidas siendo niñas. Atatürk, que no sabía qué hacer con ellas, puso un anuncio en los periódicos de aquellas regiones convocando a los posibles familiares en el palacio Topkapi a una hora de un día determinado. Su Código Civil de 1926 reconoció la igualdad de derechos de las mujeres en cuanto al divorcio, la custodia de los hijos y la herencia, entre otras leyes reformistas. No exento de la crítica, el culto a su personalidad se respira en las calles de Estambul, aunque Atatürk degradó a la ciudad trasladando la capital a Ankara.

ESTAMBUL: La marcha turca


 
 Espectáculo de derviches en el monasterio mevlevi próximo a la Torre Gálata de Estambul.
Fotos: Marta Lorena García Alonso.

Suena irreverente mi título tratándose de una cofradía mística sufí, porque lo que bailan los derviches no es la “Marcha Turca” de Mozart, aunque este último movimiento de la sonata para piano n. 11 imitaba el sonido de las bandas turcas de jenízaros. 

No danzan a las órdenes de Sydney Pollack forzando los límites de su resistencia física y psíquica ante una multitud morbosa, como lo hacían los concursantes de la película Danzad, danzad, malditos (1969). Los derviches mevlevi (“giróvagos”) –Mevlana (“nuestro maestro”) era el tratamiento dado al poeta y filósofo persa Rumi del siglo XIII que creó la orden- giran y giran febrilmente hasta alcanzar el éxtasis religioso, en comunicación directa con Alá. Y lo hacen hipnóticamente, con los brazos extendidos y las palmas de las manos una alzada hacia el cielo y la otra vuelta hacia la tierra. Giran como si fueran planetas, primero lentamente y luego a gran velocidad, de 20 a 30 giros por minuto, sincronizadamente y sin marearse gracias a una técnica muy ensayada y supervisada por su maestro.

Estos espectáculos, muy vinculados al Imperio Otomano, se han recuperado en Turquía para el turismo tras la prohibición expresa kemalista de décadas anteriores.


 Músicos derviches.
Foto: Marta Lorena García Alonso.

Esta danza-meditación sagrada (Sema), una suerte de viaje chamánico del espíritu, se acompaña de voces, coro y música con instrumentos turcos: ney (flauta), küdüm (timbales), kanun (cítara), rebab (violín de tres cuerdas), saz (laúd de mástil largo de siete cuerdas) y tambur (laúd de mástil largo de tres cuerdas). 


 Vestimenta derviche.
Fotos: Marta Lorena García Alonso.
 
Los derviches aparecen vestidos simbólicamente con un manto largo y negro, que representa su tumba y el mundo material. De él se despojan dejando a la vista sus trajes blancos con faldones (o de colores si son mujeres), que remiten al misterio de la muerte y, por tanto, de la resurrección. El sombrero de color tierra simboliza la lápida mortuoria del ego.



 
 
 Espectáculo de derviches en la casa de Dede Efendi en Estambul, el músico que fascinó al sultán Selim III.
Fotos: Carmen del Puerto.

La Sema concluye recitando versos del Corán: “A Alá pertenecen el Oriente y el Occidente. Por tanto, a donde quiera que os giréis, encontraréis el rostro de Alá. ¡En verdad, Alá todo lo abarca, es sabio!” (Sura Al-Baqara, La Vaca, 2,115).
 
  
A la izquierda, busto del derviche mevleví Dede Efendi (1778-1846). 
A la derecha, ilustración antigua de un danzante giróvago.
Fotos: Carmen del Puerto.



La “Marcha Turca” de Mozart, que da título a esta entrada:

Música turca más contemporánea que recomiendo:
“Dudu” de Tarkan:

sábado, 2 de junio de 2012

LO ESCATOLÓGICO: El Juicio Final


 El Juicio Universal (1548), de Marcello Venusti. Museo de Capodimonte (Nápoles).
Foto: Carmen del Puerto.

La “Escatología” comparte dos significados, según cómo traduzcamos el término griego skatós. Si por él entendemos “último”, nos estaremos refiriendo a un conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida de ultratumba, a ciertos misterios sobre la muerte, la situación de las almas y la resurrección de los muertos. Acuñó el término un teólogo luterano ortodoxo del siglo XVII llamado Abraham Calovius. Hoy es un concepto elevado de la Teología relacionado con la consumación del mundo y el fin de los tiempos. La Biblia nos habla de ella en el Apocalipsis, con sus Cuatro Jinetes (alegorías de la victoria, la guerra, el hambre y la muerte) y su anuncio del Juicio Final.

En cambio, si traducimos skatós por “excremento”, está claro que la cosa cambia. Y en lugar de los misterios de lo divino, hablamos de una rama de la Fisiología que estudia algo más prosaico: los desechos corporales, como la materia fecal, la orina o la menstruación, entre otros. Una especialidad muy digna, pues el estudio de las deposiciones siempre ha servido a la profesión médica para hacer acertados diagnósticos –de nuevo, juicios- sobre dieta, enfermedades y presencia de parásitos en el intestino.

EL JUICIO UNIVERSAL

Para ilustrar la primera acepción (la segunda la dejamos para otras entradas de este blog), qué mejor que la elocuencia del Arte. Marcello Venusti, pintor italiano renacentista especializado en copiar, con permiso, las obras de su maestro y amigo Miguel Ángel Buonarroti, hizo en 1548 una réplica a pequeña escala del Juicio Final de la Capilla Sixtina para el cardenal Alessandro Farnese. La composición imitaba el majestuoso fresco que luego retocó otro pintor manierista, Daniele da Volterra, cubriendo con telas todos los genitales (de ahí su apodo, Il Braghettone) por orden del papa Pío V. La copia de Venusti nos documenta, por tanto, cómo eran los desnudos originales de la obra de Miguel Ángel que tanto escandalizaron a la jerarquía eclesiástica.


 Copia del Papiro de Hunefer, con El Juicio de Osiris.
El original se encuentra en el British Museum de Londres.
Foto: Carmen del Puerto.

EL JUICIO DE OSIRIS

Pero el Más Allá preocupaba especialmente a los egipcios antiguos, que antes de incorporarse al mundo divino después de la muerte debían someterse al severo Juicio de Osiris. Afortunadamente, una copia manuscrita en papiro del Libro de los Muertos -amplio conjunto de oraciones, himnos, fórmulas mágicas e instrucciones para que el alma del fallecido supiera cómo orientarse en el mundo de las tinieblas- se depositaba en el interior de las tumbas, en los propios sarcófagos funerarios.

El Papiro de Hunefer (c. 1.275 a.e.), un importante escriba que trabajó en la corte de Tebas al servicio del faraón Seti I, ilustra con varias escenas consecutivas el pasaje 125 del Libro de los Muertos: el Juicio Final. Comienza por la izquierda con el escriba acompañado por Anubis, dios de los muertos y de la momificación, representado con cabeza de chacal y el símbolo ankh (“llave de la vida”) en la mano. A continuación, tiene lugar la ceremonia llamada “psicostasis”: Anubis pesa el corazón de Hunefer en una balanza equilibrada por una pluma de la cabeza de Maat, diosa de la verdad, la justicia y el orden universal. A su derecha, Tot, dios de la sabiduría, con cabeza de ibis, anota el resultado. Si la pluma tiene el mismo peso que el corazón del difunto, como en este caso, es prueba de que ha llevado una vida honesta, acorde con las leyes y los valores morales de Egipto. A Hunefer se le permite pasar a la otra vida, a los fértiles campos de Aaru. Si, por el contrario, el corazón pesa más que la pluma de la verdad, significa que está cargado de culpas y remordimientos por las malas acciones cometidas. En ese caso, el difunto será devorado por Ammyt, una diosa con cabeza de cocodrilo y patas de león e hipopótamo, la cual observa ansiosa la balanza. Una vez superada la prueba y con el ojo de Horus contemplándolo todo, Hunefer es conducido por el dios halcón hasta Osiris, padre de Horus. El juez supremo de los muertos y señor del Más Allá se encuentra sentado en un trono elevado acompañado de sus hermanas: Isis, a su vez su esposa, y Neftis, diosa de la oscuridad. Paralelamente, como se ilustra en la parte superior del papiro, Hunefer se muestra adorando a otros catorce dioses del Tribunal de los Muertos que supervisan la sentencia.

LO ESCATOLÓGICO: La mala educación


 Rinoceronte blanco de Omaruru (Namibia).
Foto: Carmen del Puerto.

Mi querido rinoceronte blanco:

Sé que no quieres oír lo que tengo que decirte y que, por eso, desconsiderado, me das “la espalda”. Con esa actitud demuestras tener muy mala educación. Unas clases de etiqueta y protocolo no te vendrían mal. Pero, no importa, no pienso callarme. Y te soltaré mi monserga pese a tu grosera actitud.

¿Cómo te dejas humillar de esta manera? Tú, uno de los “Big Five” de la sabana, con el león, el elefante, el búfalo y el leopardo… Esta mañana, cuando te vi por primera vez entre los árboles, acompañado de tu real hembra, parecías más bravo, temí tu peligrosa cornada. Pero, ahora, cuando el sol empieza ocultarse y como si un muecín hubiera llamado a la oración, te presentas domesticado y sumiso, como las cebras, a que te den de comer en este parque zoológico. No puedo entenderlo. ¡Qué gran decepción, amigo! ¡Lo que yo había idealizado tu fiereza, tu poderío! Así que, aunque seas una especie en extinción o precisamente por eso mismo, prefiero verte salvaje o no verte, que para eso están los documentales de La 2. Ya me dirás qué sentido tiene esta señal. Parece una burla. 

Señal en una reserva animal de Omaruru (Namibia).
Foto: Carmen del Puerto.

Y, por cierto, que sepas que te diferencias del rinoceronte negro no por el color, sino por tu labio, recto y ancho. Los primeros colonos holandeses en África austral te llamaron widje (“ancho”). Pero, posteriormente, cuando llegaron los ingleses a Ciudad del Cabo, éstos creyeron entender que te llamaban white (“blanco” en inglés), de pronunciación similar a la palabra holandesa. Y te quedaste con el adjetivo. Así que no presumas de ario, que ya lo hicieron antes alemanes, australianos y sudafricanos, entre otros, para vergüenza de la humanidad.

LO ESCATOLÓGICO: La sangre de Carrie


Carátula del Cd con la banda sonora de la película Carrie,
basada en la novela de Stephen King.

Las consecuencias de tener una fanática madre religiosa, perversos compañeros de clase que te humillan y extraordinarios poderes mentales, sobre todo si eres introvertida y vives atormentada en un entorno familiar opresivo y psicótico, no pueden ser nada buenas. Si se burlan de ti cuando tienes tu primera menstruación a los 16 años en las duchas del gimnasio, después de la clase de educación física, y sin que nadie te haya informado previamente de que el sangrado vaginal periódico es un proceso natural en las mujeres, es como para estar resentida. Pero si también se mofan de ti vertiendo sangre de cerdo sobre tu cabeza, justo cuando te coronan en el baile de graduación, no es de extrañar que la venganza sea apocalíptica.

Stephen King nos escribió esta terrorífica historia en 1974 y Brian de Palma la convirtió en imágenes dos años después. Como a Linda Blair, la niña poseída de El Exorcista, a Sissi Spacek, la adolescente telequinésica de Carrie, le debió de costar recuperar la normalidad tras el rodaje y hacer otros papeles menos sangrientos. Al menos a mí, aún me inquieta mucho esta película, de angustiosa trama e inesperado final…

LO ESCATOLÓGICO: La Pisseuse


La Pisseuse  (“Mujer orinando”) (1965), de Pablo Picasso,
en el Centro George Pompidou, de París.
Foto: Carmen del Puerto.

Porque es Picasso, que, si no, no asumiríamos fácilmente como acreditada obra de arte contemporáneo esta escena escatológica no precisamente religiosa. También se lo consintieron a Rembrandt y a Gauguin, entre otros. Hoy, libertades y desinhibiciones que muchos estiman políticamente incorrectas.

Pero veamos las propiedades de la orina, esa “agüita amarilla” de la canción de los Toreros Muertos, secretada por los riñones y expulsada por la uretra.

Hace tiempo escribí en un reportaje sobre criaderos de dorada que la inducción a la puesta de huevos se realizaba mediante la inyección de hormonas sexuales a los animales previamente anestesiados. Estas hormonas procedían de la orina de mujeres embarazadas o de hipófisis de otros peces, como el atún.

El bueno de Azarías de Los Santos Inocentes, interpretado por un magnífico Paco Rabal en la película de Mario Camus basada en la novela de Miguel Delibes, se orinaba en las manos “para que no se le agrietaran”. Quizá no fuera tan tonto como parecía, o al menos eso piensan los que practican la Uroterapia, que hasta proponen beber tu propia orina en pequeñas cantidades para el tratamiento de algunas enfermedades.

La orina ha resultado muy cinematográfica, como la memorable escena sadomasoquista entre Alaska y Eva Siva, en presencia de la espléndida Carmen Maura, en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Cosas de Almodóvar y de la movida madrileña.

Y yo sé de algunos que salieron de un aprieto en medio de la selva, al anochecer y rodeados de animales salvajes, llenando con sus propios orines el radiador sin agua del vehículo que les transportaba.

LO ESCATOLÓGICO: Lujo afgano


 

Inodoro de Afganistán.
Foto: Carmen Fernández Acebes.

Mural de cerámica próximo a los aseos en la sede de la UNESCO en París.
Foto: Carmen del Puerto.

Afganistán, un complejo país que me fascina, tendrá su merecido espacio en este blog. Hoy sólo muestro un lujoso inodoro, probablemente de Kabul, aunque no creo que estos retretes sean frecuentes en una sociedad condenada a un estado de guerra perpetua.

El inodoro de cerámica decorada parece digno de Alejandro Magno, quien tras vencer a los persas incorporó la región afgana a su imperio hace más de 2.000 años, o del emir afgano Habibullah Khan, quien bajo su mandato a principios del siglo XX impuso el uso del burka a las mujeres que componían su harén para evitar que la belleza del rostro de éstas tentara a otros hombres. Sólo una observación crítica: al baño le falta el alicatado hasta el techo, que como muestra la segunda imagen se lo debieron de llevar a la sede de la UNESCO en París.

LO ESCATOLÓGICO: Fisiología en el Espacio


Módulo de la exposición itinerante del INTA “Vivir en el Espacio: desafío del siglo XXI”,
durante su permanencia en el Museo de la Ciencia y el Cosmos en 2008.
Foto: Carmen del Puerto.

La pregunta es ¿cómo hacen sus necesidades fisiológicas los astronautas en el Espacio? La respuesta se puede encontrar en un museo, como por ejemplo el Museo de la Ciencia y el Cosmos, donde con motivo de la exposición “Vivir en el Espacio: desafío del siglo XXI”, del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), se mostraron algunos objetos curiosos de lo que ha sido la vida en órbita en el último medio siglo.

Es sabido, como ilustra la foto, que algún dispositivo había que idear para que los astronautas pudieran evacuar la orina en misiones extra-vehiculares, dado que realizan paseos especiales que pueden llegar a durar muchas horas.

También he leído que en la Estación Espacial Internacional (ISS) se recicla aproximadamente el 90% de la orina de los tripulantes. Cuentan únicamente con un inodoro en todo el complejo, con entradas adaptadas a ambos sexos, aunque las mujeres lo tienen más difícil. Las deposiciones van a parar a un depósito para su almacenamiento o conversión en abono. Pero, en cualquier caso, hay que hacer un curso previo, sobre todo porque la gravedad cero todo lo complica.