domingo, 7 de octubre de 2012

POMPEYA: Visita al lupanar

 Entrada al lupanar de Pompeya, en la provincia de Nápoles.
Foto: Carmen del Puerto.

 
 
 
 
Frescos con escenas eróticas del lupanar de Pompeya. 
Fotos: Carmen del Puerto.
 
Me pregunto en qué postura les sorprendería la erupción del Vesubio. El famoso lupanar de Pompeya (lupa en latín significa “loba”, término utilizado para un tipo de prostitutas nocturnas que atraían a sus clientes con aullidos en parques y jardines) era un edificio de dos plantas, con 10 habitaciones o cubículos, cinco en cada piso, más dos pequeñas letrinas. Supongo que habría colchones sobre los lechos de mampostería... Las escenas eróticas pintadas en las paredes encima de las puertas quizá indicaran la especialidad de cada cuarto o quizá simplemente sirvieran de inspiración a los clientes. Se sabe lo que éstos pagaban por el servicio de las prostitutas: entre dos y ocho ases, siendo un “as” lo que valía una porción de vino. Pero todas las ganancias, tasadas por el emperador Calígula, eran percibidas por el amo del burdel. Ellas solían ser esclavas, de origen griego u oriental, según los nombres que aparecen en los abundantes graffiti del prostíbulo.

POMPEYA: La mirada de Diana

Estatua de la diosa Diana Cazadora en el templo de Apolo de Pompeya.
Foto: Carmen del Puerto.

¿Miraba la diosa Diana Cazadora al Vesubio? ¿Dónde olvidó el arco y las flechas? ¿Habría entregado por fin su virginidad a algún mortal en aquella hedonista Pompeya? El caso es que ni ella, protectora de la naturaleza, ni su hermano gemelo Apolo, una deidad profética, pudieron evitar la furia del interior de la Tierra, la cólera del volcán. ¡Ay, diosa de la castidad! ¡La Ártemis griega! Quizá fuiste castigada por enamorarte del hermoso pastor Endimión, a quien besabas mientras dormía. Tú, diosa de la Luna, que habiendo sido testigo de los dolores de parto de tu madre Latona juraste mantenerte pura y no ceder al deseo de ningún hombre. Todos sabían de tu resentimiento y crueles venganzas. No perdonaste al cazador Acteón que te viera bañándote desnuda junto a tus ninfas: le convertiste en venado e hiciste que sus perros lo devoraran. Con tus flechas causaste la muerte de Orión, otro célebre cazador, por razones aún no esclarecidas, aunque se apuntan celos y recelos. Y también de la muerte, tras convertirla en osa, de Calisto, la más bella de tu cortejo, por quedarse encinta pese a sus votos. ¡Pobre Diana! También a ti te cubrieron las cenizas.


POMPEYA: La muerte de Plinio

 
Uno de los moldes de yeso de las víctimas de la erupción del Vesubio en el yacimiento arqueológico de Pompeya. 
Foto: Carmen del Puerto.

“Se encontraba en Miseno al mando de la flota. El 24 de agosto, como a la séptima hora, mi madre le hace notar que ha aparecido en el cielo una nube extraña por su aspecto y tamaño. Él había tomado su acostumbrado baño de sol, había tomado luego un baño de agua fría, había comido algo tumbado y en aquellos momentos estaba estudiando; pide el calzado, sube a un lugar desde el que podía contemplarse mejor aquel prodigio. La nube surgía sin que los que miraban desde lejos no pudieran averiguar con seguridad de qué monte (luego se supo que había sido el Vesubio), mostrando un aspecto y una forma que recordaba más a un pino que a ningún otro árbol. Pues tras alzarse a gran altura como si fuese el tronco de un árbol larguísimo, se abría como en ramas; yo imagino que esto era porque había sido lanzada hacia arriba por la primera erupción; luego, cuando la fuerza de ésta había decaído, debilitada o incluso vencida por su propio peso se disipaba a lo ancho, a veces de un color blanco, otras sucio y manchado a causa de la tierra o cenizas que transportaba. A mi tío, como hombre sabio que era, le pareció que se trataba de un fenómeno importante y que merecía ser contemplado desde más cerca."

"Mi tío decidió bajar hasta la playa y ver sobre el lugar si era posible una salida por mar, pero éste permanecía todavía violento y peligroso. Allí, recostándose sobre un lienzo extendido sobre el terreno, mi tío pidió repetidamente agua fría para beber. Luego, las llamas y el olor del azufre, anuncio de que el fuego se aproximaba, ponen en fuga a sus compañeros, a él en cambio le animan a seguir. Apoyándose en dos jóvenes esclavos pudo ponerse en pie, pero al punto se desplomó, porque, como yo supongo, la densa humareda le impidió respirar y le cerró la laringe, que tenía de nacimiento delicada y estrecha y que con frecuencia se inflamaba. Cuando volvió el día (que era el tercero a contar desde el último que él había visto), su cuerpo fue encontrado intacto, en perfecto estado y cubierto con la vestimenta que llevaba: el aspecto de su cuerpo más parecía el de una persona descansando que el de un difunto."

(Párrafos extraídos de las cartas que el escritor latino Plinio el Joven dirigió al historiador Tácito relatando los pormenores de la muerte de su tío, el célebre naturalista Plinio el Viejo, fallecido en la catástrofe. 

POMPEYA: Bajo las cenizas

 
Vistas parciales de la maqueta del yacimiento de Pompeya (escala: 1:100), 
del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (Italia).
Fotos: Carmen del Puerto.

¡Cuánto se sabe de la antigüedad gracias a la conservación dramática de esta urbe romana cubierta por seis metros de ceniza! Una ciudad paralizada por la erupción que la sepultó en una sola noche, la del 24 de agosto del año 79 de nuestra era, como le sucedió también a Herculano y a Estabia. Era lo que tenía vivir bajo el volcán… Previamente, en el año 62, la activa Pompeya había sufrido un terremoto que asoló parte de la ciudad, y aún estaba reconstruyéndose cuando el Vesubio se despertó con violencia tras varias centurias de sueño profundo. 

Si bien en el siglo II Pompeya empezó a recuperarse con timidez, nuevas erupciones del volcán e incursiones sarracenas hicieron que en el siglo IX fuera definitivamente abandonada y borrada de la memoria. Y ello a pesar de las cartas que el escritor latino Plinio el Joven dirigió al historiador Tácito relatando los pormenores de la muerte de su tío, el célebre naturalista Plinio el Viejo, fallecido en la catástrofe.

En el siglo XVI, el arquitecto italiano Domenico Fontana descubrió accidentalmente algunos vestigios de la ciudad cuando construía un canal para conducir el agua del río Sarno. Pero le ordenaron que los ignorara y que prosiguiera con su misión. De ahí que las excavaciones no comenzaran realmente hasta 1748, con el entonces rey de Nápoles, nuestro déspota ilustrado Carlos III, quien encargó los trabajos de sondeo al ingeniero militar español Roque Joaquín de Alcubierre, también descubridor de Herculano.


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domingo, 30 de septiembre de 2012

SERIE GABÓN: Cruzando el río

 Pintura mural del puente de lianas de Poubara en la provincia del Alto Ogooué (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

 Turistas cruzando el puente de Poubara (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

Según la Real Academia Española, “miedo” es una “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. El mecanismo que lo desata se encuentra en el cerebro y produce cambios fisiológicos inmediatos. Dice Wikipedia que se incrementa el metabolismo celular, la presión arterial, la glucosa en sangre, la actividad cerebral y la coagulación sanguínea. Es más –añade- “el sistema inmunitario se detiene (al igual que toda función no esencial), la sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a las extremidades inferiores, en preparación para la huida) y el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células (especialmente adrenalina). También se producen importantes modificaciones faciales: agrandamiento de los ojos para mejorar la visión, dilatación de las pupilas para facilitar la admisión de luz, la frente se arruga y los labios se estiran horizontalmente.” En cambio, la enciclopedia libre no dice nada de incontinencias intestinales ni de esfínteres.

“Pánico” era el terror que Pan, semidios de la mitología griega, con cuernos y extremidades de cabra, provocaba en los viajeros cuando se les aparecía en las encrucijadas de los caminos. Supongo que el verbo “espantar” también se le atribuye etimológicamente.

No sé si sentí miedo o pánico cruzando el puente de lianas de Poubara sobre las aguas del río Ogooué. Pero fue una experiencia funambulista que no se olvida fácilmente.

 
Detalles del puente de Poubara (Gabón).
Fotos: Carmen del Puerto.

El puente de lianas de Poubara, de 52 m de longitud, fue concebido por el gabonés Moussikoue Mvouzangoye en 1915 para unir dos pueblos separados por el río Ogooué, de peligrosas corrientes en la región. Este puente necesita cada año 2.500 lianas, que deben ser trenzadas de un modo tradicional muy preciso para asegurar la solidez de la suspensión. La operación implica mucha mano de obra, esfuerzo y perseverancia. El puente viejo se mantendrá sólo, como sujeción, durante los tres meses que tarde en construirse el nuevo encima. Cuando se concluya, tendrá lugar una ritual ceremonia de inauguración en la que también se agradecerán los servicios prestados al puente viejo antes de jubilarlo.


“Cruzando el río”, de TAM TAM GO!:

SERIE GABÓN: Pase por taquilla

Taquilla a la entrada de las atracciones turísticas de Poubara (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

Pase por taquilla si quiere cruzar el famoso puente de lianas que le permitirá acceder al salto de agua de Poubara, ambas atracciones señaladas en las guías de viaje y protegidas, que no financiadas, por el Gobierno de Gabón. Consulte las tarifas en el tablero del árbol de mango. Además de ser atendido por jóvenes guías muy competentes de una misma familia, con el mismo apellido que el presidente Omar Bongo Ondimba, su aportación contribuirá a salvaguardar este sitio turístico, patrimonio cultural del país que comparte espacio con una moderna central hidroeléctrica. Y, quién sabe, quizá los francos CFA (moneda común de 14 países africanos, entre ellos Gabón) que se recauden de su visita también ayuden algún día a mejorar las instalaciones de la taquilla del lugar.