Literatura y vanidad, mucha vanidad. Esta es la propuesta bloguera y narcisista que quiero compartir en el ciberespacio. Un bazar al estilo árabe o turco, donde textos con imágenes e imágenes con textos se alternan invitando a viajar de un continente a otro, cuando no a reflexionar sobre la Retórica de Aristóteles o el arte de la persuasión.
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sábado, 17 de diciembre de 2011
Del Eyjafjallajökull a La Restinga
Carátula del DVD de la película Viaje al centro de la Tierra (Henry Levin, 1959).
“El Sneffels tiene cinco mil pies de altura. Es por su doble cono la conclusión de una faja traquítica que se destaca del sistema orográfico de la isla. Desde nuestro punto de partida no se podían ver sus dos picos perfilándose en el fondo ceniciento del cielo. Yo no distinguí más que el casquete de nieve que cubre el cráneo del gigante.”
(JULIO VERNE, Viaje al centro de la Tierra)
El volcán islandés de Julio Verne, desde el que partían el Profesor Lindenbrook (más conocido por James Mason) y demás miembros de su expedición, existe de verdad, aunque ya extinguido. De modo que, si quieres ir al centro de la Tierra, la mejor entrada ahora es por otro volcán, el Eyjafjallajökull, más al sur de la isla, pero busca un intérprete y ten cuidado con las cenizas. Tampoco esperes salir por el cráter del Estrómboli siciliano, sino a una latitud más baja, en la costa de La Restinga, en la isla de El Hierro. Quizá no veas geodas cristalinas de colores, ni algas luminosas, ni setas como árboles, ni gigantescos reptiles prehistóricos, ni mucho menos la Atlántida, aunque hubo quien la situó en las Islas Canarias. Pero, dada la expectación por la reciente erupción submarina, quizá estén rodando una película en el Mar de las Calmas.
Un calamar gigante en el océano
Imagen de la mancha originada por la erupción submarina próxima a la isla de El Hierro
obtenida por el satélite Deimos-1 el 23 de octubre de 2011.
Crédito: ELECNOR DEIMOS
Los peces más raudos huyen despavoridos, otros quedan flotando inertes en la superficie. El calamar gigante que inspiró la novela de Julio Verne fue detectado por un satélite en las costas de la isla de El Hierro. Tras recorrer veinte mil leguas de viaje submarino, esta especie está arrasando con todo, no sólo la pesca, también el turismo de la isla. Y no sólo contamina el agua, también la atmósfera. La población vive alarmada, abandonando sus casas, regresando a ellas, sufriendo los temblores de la tierra cada vez que el bicho mueve un tentáculo. Un equipado Nautilus hace lo que puede. Todos esperan que la tortura merezca la pena y que ese calamar gigante, tras ser doblegado, quede como atracción permanente en el océano. Pero esa esperanza se pierde con los días. La diferencia con la novela de Verne es que en este caso no hay un malvado Capitán Nemo a quien echarle la culpa.
Marcando el territorio
Los volcanes Gemelos –el Pomarape y el Parinacota-, vistos desde un cementerio
en el Parque Nacional de Sajama, en Bolivia.
en el Parque Nacional de Sajama, en Bolivia.
Foto: Ricardo Porras.
Las estrellas no están todas en el mismo plano, aunque las hayamos parcelado en constelaciones. De igual manera, los dos volcanes gemelos de la foto, que parecen cogidos de la mano, tampoco lo están. Uno de ellos, el Pomarape, en primer plano, es boliviano. El otro, el Parinacota, más atrás, chileno. Los también llamados Payachatas (las dos hermanas en lengua nativa quechua) superan los 6.000 metros de altura. Y ambos forman parte igualmente de leyendas incas y mapuches. Si hoy entraran en erupción, darían nueva sepultura a los muertos del cementerio, aunque no creo que a ellos les importara demasiado.
Tarzán en Camerún
Los dos cráteres del Monte Camerún, un volcán activo en el centro de África.
Foto: Romano Corradi.
En 1982, el Monte Camerún, con su flora del Cuaternario, fue escenario de la película Greystoke: la leyenda de Tarzán, el rey de los monos, de Hugh Hudson. Cuando se estaba filmando, el volcán entró en erupción, fenómeno que la tradición prefiere atribuir al fallecimiento de un jefe local. La última muestra de su furia tuvo lugar el 28 de mayo de 2000.
A pesar de ser un volcán activo, todos los años la empresa Guinness organiza "La Carrera de la Esperanza”. Consiste en subir y bajar la montaña en un tiempo récord: menos de 5 horas, con selva tropical por medio y con la presencia constante de nubes. La participación es internacional, pero suelen ganarla los cameruneses, capaces de hacerlo en cholas y sin porteadores. Total, sólo son 4.095 m sobre el nivel del mar. Y ya lo ascendió sir Richard Burton, el explorador inglés, en 1861, aunque seguro que a él le llevaban la mochila, cuando no las maletas y los muebles. Burton lo llamó Monte Victoria, como era obligado en el Imperio, pero los nombres británicos no sobrevivieron a la transferencia de Camerún a Alemania en 1884. La también exploradora inglesa Mary Kingsley lo escaló en 1897, aunque con el nombre que le daban los indígenas: Mungo Mah Lobeh (literalmente “Trono del Trueno”), como recoge uno de sus libros de viaje por el África Occidental.
Y el arte entró en erupción
Vesuvius, de Andy Warhol (70 x 53 cm). Museo di Capodimonte, en Nápoles (Italia).
Foto: Carmen del Puerto.
Ignoro cuántas veces se ha pintado el volcán que sepultó las ciudades de Pompeya y Herculano. Pero el extravagante y genial Andy Warhol le dedicó 18 lienzos al Vesubio, imaginando su actividad en diferentes horas del día. Estos acrílicos, de colores fuertemente contrastados –especialmente el cuadro que ilustra esta entrada- fueron realizados por encargo de Lucio Amelio, un galerista italiano que introdujo al artista norteamericano en Nápoles. En 1985 formaron parte de una exposición que se realizó en el monumental Palacio de Capodimonte, construido y convertido en pinacoteca por Carlos III de Borbón. El rey español había heredado de su madre, Isabel de Farnesio, una magnífica colección de obras renacentistas y barrocas. Por eso, hoy, el claroscuro y tenebrismo de Caravaggio comparten espacio con la luminosidad y cromatismo de Warhol, que por algo fue padre del pop art y gurú de la modernidad.
Elogio de la bahía de Nápoles
Vista del Vesubio desde el puerto de Nápoles.
Foto: Carmen del Puerto.
Dormía, cuando los gritos me despertaron y mi cuerpo empezó a cubrirse de ceniza… Continuaré este relato en otro momento pues Pompeya merece su propia serie de entradas en el bazar de la Retórica. Aquí no hablaré de la cólera de un volcán siempre activo, famoso por su erupción del 24 de agosto del año 79, en el que fueron sepultadas dos famosas ciudades romanas. Me limitaré a elogiar el bello paisaje que ofrece la bahía de Nápoles con el Vesubio de fondo y el famoso vino "Lacryma Christi" que producen las laderas de la histórica montaña.
El Olimpo: un volcán extraterrestre
Imagen compuesta del Monte Olimpo en Marte, obtenida a partir de imágenes de la sonda Viking 1 en 1978.
Nunca imaginé así la morada de los dioses, donde los Cíclopes, dotados de un solo ojo, construyeron pare ellos un gigantesco palacio de cristal. Intuyo en la imagen el trono de Zeus, de mármol negro pulido con incrustaciones de oro, al que se accedía tras siete escalones con los colores del arco iris y desde donde el dios del cielo y del trueno arrojaba sus mortíferos rayos. También visualizo el trono de bronce de Ares, dios de la guerra y Marte para los romanos, tapizado con piel humana y decorado con calaveras en relieve. Pero no percibo el trono de marfil de la diosa Hera, ni el de la bella Afrodita, diosa del amor, que como muchos otros dioses tenía su propio planeta. Y mucho menos presiento a Poseidón, dios de los Mares, aunque quizá el planeta rojo fue verde en el pasado con agua fluyendo por sus canales. Sin duda, este volcán marciano es majestuoso, con tres veces la altura del Everest, pero no me convence como panteón griego, donde los dioses se alimentaban de néctar y ambrosía. Quizá tengamos que seguir buscando volcanes dentro y fuera de nuestro sistema solar.
Fútbol en el Sajama
El volcán Sajama, de 6.542 m, en Bolivia.
Foto: Ricardo Porras.
Dicen que muy cerca de él, en el Campo 23 de Marzo, a 5.550 m, se jugó un partido de fútbol. Las vicuñas, como las de la foto, harían de porteros, supongo, porque no me puedo imaginar jugando a esa altura y con ese frío. Pero Evo Morales se empeñó en demostrar a la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) y al mundo entero que no es malo para la salud jugar al fútbol o practicar cualquier otro deporte a más de 2.500 m. Él mismo marcó el tanto que dio la victoria al equipo presidencial frente al equipo contrario, formado por alpinistas. Probablemente, el jefe de Estado boliviano masticó mucha coca y no tuvo que someterse al control antidopaje.
El Sajama, con 6.542 m sobre el nivel del mar, la cumbre más alta de Bolivia, es un volcán con nieves perpetuas, prueba de que está bien dormido, desde hace unos 10.000 años, si no completamente extinguido. Sus faldas, con bosques de queñua –los árboles que crecen a mayor altura del mundo-, animales en peligro de extinción, como el pájaro carpintero, y lagunas con aguas termales, están protegidas formando parte de un parque nacional con su nombre. Hoy, sin embargo, este ecosistema sigue amenazado por la tala, la ganadería y una futura carretera internacional.
Pico Viejo: un volcán eclipsado
El volcán Pico Viejo, en Tenerife.
Fotos: Ricardo Porras.
Con sus 3.135 m sobre el nivel del mar, este volcán fue relegado injustamente a un segundo puesto, pese a su espectacular cráter de 800 m de diámetro y a su mayor antigüedad. Eclipsado por su hermano Teide, tan sólo unos 500 m más alto, muy pocos valoran por desconocimiento la incomparable belleza de Pico Viejo. Este volcán comenzó a formarse hace 200.000 años y, en 1798, cuando todo el mundo tenía puestos los ojos en Napoleón desembarcando en Egipto, quiso llamar la atención con una erupción que arrojó lava durante tres meses. Pero no por ello hay que establecer ninguna relación con las Pirámides de Giza.
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