jueves, 27 de septiembre de 2012

SERIE GABÓN: Viviendo entre caníbales

 Olla convertida en maceta en los jardines de una misión católica en Lambaréné (Gabón). 
Foto: Carmen del Puerto.

A veces, en la dureza de aquella nuestra segunda jornada de viaje, me complacía en saberme probablemente la única mujer blanca que hacía un periplo guiada por gentes de una tribu temida, los antropófagos fang, y sin que ningún soldado negro enrolado en las tropas francesas la llevara en brazos, ni en un coche de caballos, ni en silla, ni en fin, como de costumbre se conducen tantos europeos que arriban a África y son incapaces de dar dos pasos seguidos por algún lugar que no haya sido pavimentado. Reconozco, sí, y perdóneseme la petulancia, que me sentía muy contenta y orgullosa de mí misma*. Pero quien cuenta tan atrevida experiencia en el siglo XIX no soy yo, sino la exploradora inglesa Mary Kingsley, que convivió con aquellos caníbales. Claro que antes tuvo que abatir de un tiro a un elefante, no por simple entretenimiento, como aún acostumbran algunos, sino para que los fang la respetaran y no se la merendaran, como hacían con sus enemigos.

Hoy, los fang son una etnia bantú que habita en el sur de Camerún, Gabón y Guinea Ecuatorial. Y no creo que lleven una tibia adornando su cabello ni que se coman al explorador blanco en la olla colectiva de la aldea, aunque esta representación de la antropofagia nos persiga como un fantasma en nuestro subconsciente colectivo.

*MARY KINGSLEY. Viajes por el África occidental. Valdemar. Madrid, 2001. p. 177.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

SERIE GABÓN: “Intentadlo, si os atrevéis”


 
Panorámicas del río Ogooué a su paso por Lambaréné (Gabón).
Fotos: Carmen del Puerto.

Lambaréné, la capital de la provincia gabonesa de Moyen-Ogooué, se ubica dentro de una isla del inmenso río que da nombre a la región. Una circunstancia geográfica que facilita una importante vía de comercio interior, confiere belleza al paisaje y permite al viajero captar imágenes de tarjeta postal. Ciudad africana de la hospitalidad, en el doble sentido de la palabra, Lambarené es hoy todo lo contrario a lo que significó su nombre en lengua myéné, algo así como “intentadlo, si os atrevéis”. Un término que testimoniaba la hostilidad de los habitantes originarios del lugar hacia los extranjeros que quisieran implantarse en su territorio.

SERIE GABÓN: Arcilla roja

 
 
Pista de arena roja de Franceville a Poubara (Gabón).
Fotos: Carmen del Puerto.

Ya nos lo advirtió Eric, el taxista que nos llevaba a Poubara, al este de Gabón. La carretera bien pavimentada a la salida de Franceville fue una ilusión que duró sólo unos kilómetros. Nos esperaba un largo tramo de pista que degeneró en irregular camino de arena roja arcillosa, tan penetrante que no sólo teñiría nuestras inmaculadas camisetas. Sin tracción a las cuatro ruedas, “la voiture” (los gaboneses hablan francés) de Eric no parecía el vehículo más adecuado para salvar tanto bache, socavón y rodera. Miraba su luna delantera, con huellas de impacto y apariencia de telaraña, cuando dos ejemplares de ganado bovino, en mímesis con el entorno, se nos cruzaron sin inmutarse, ajenos a nuestros problemas, concentrados en su trashumancia. Y entonces recordé que estábamos en África, cuya magia hace olvidar las eventuales incomodidades del continente.

SERIE GABÓN: La barca sin pescador

 Piragua en la orilla del río Ogooué en Lambaréné (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

Estaba allí sola, en la orilla del río, varada en la arena. Quizá esperando a su dueño, un pescador ya viejo que la dejó abandonada hace tiempo. Quizá soñando ser descubierta por una jauría infantil, siempre dispuesta a la aventura más arriesgada. Quizá temiendo morir astillada y consumida en la hoguera del olvido. En cualquier caso, hoy la rescato en el bazar de la Retórica, donde también caben barcas sin pescador. Su esencia minimalista, el arte de lo sencillo, inspira esta entrada.

SERIE GABÓN: Las “golondías” de Huidobro

 Palmera poblada de nidos en Poubara (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

Vicente Huidobro jugaba con el lenguaje como los pájaros con esta palmera colmada de nidos escandalosos. El poeta chileno, tan innovador, tan heterodoxo, desarticulaba las palabras, que adoptaban nuevas formas expresivas. Lirismo salvaje cuya lectura obliga a reconstruir los significados, como si de collages cubistas se tratara. Lo que era el horizonte de la montaña o la montaña del horizonte se transforma en “al horitaña de la montazonte”; el violonchelo y la golondrina, en “la violondrina y el goloncelo”… Incluso la mitad de la golondrina, como gameto fecundado, se reproduce y forma nuevas palabras con nuevos campos semánticos. “Ya viene la golondía/ y la noche encoge sus uñas como el leopardo”. Lexema en busca de morfema. Era lo que tenía el “creacionismo”, ¡ojo!, el movimiento literario de vanguardia de comienzos del siglo XX, donde la poesía era un instrumento de creación absoluta.


ALTAZOR
(Fragmento del Canto IV)
Vicente Huidobro

Al horitaña de la montazonte
La violondrina y el goloncelo
Descolgada esta mañana de la lunala
Se acerca a todo galope
Ya viene viene la golondrina
Ya viene viene la golonfina
Ya viene la golontrina
Ya viene la goloncima
Viene la golonchina
Viene la golonclima
Ya viene la golonrima
Ya viene la golonrisa
La goloniña
La golongira
La golonlira
La golonbrisa
La golonchilla
Ya viene la golondía
Y la noche encoge sus uñas como el leopardo
Ya viene la golontrina
Que tiene un nido en cada uno de los dos calores
Como yo lo tengo en los cuatro horizontes
Viene la golonrisa
Y las olas se levantan en la punta de los pies
Viene la goloniña
Y siente un vahido la cabeza de la montaña
Viene la golongira
Y el viento se hace parábola de sílfides en orgía
Se llenan de notas los hilos telefónicos
Se duerme el ocaso con la cabeza escondida
Y el árbol con el pulso afiebrado.

sábado, 15 de septiembre de 2012

SERIE GABÓN: Héroes enmascarados

 
 Lagartos gaboneses de Franceville, Lambarené y Omboué, respectivamente.
Fotos: Carmen del Puerto.

Son regios, curiosos y desinhibidos, como prueban estas fotos. Héroes enmascarados de tierras africanas que comen insectos, artrópodos, reptiles y roedores. Te alivian de mosquitos y cucarachas, aunque sus heces pueden transmitir salmonellas. Saurios de Gulliver, que nos enseñó aquello de los tamaños relativos. Los lagartos arco iris o de cabeza naranja (la especie Agama común) son frecuentes en Gabón, donde “el sol, capitán redondo, lleva un chaleco de raso”. Animales de sangre fría, dependen del calor del sol para aumentar la temperatura de su cuerpo. Pero en días nublados, y en el África ecuatorial hay muchos debido al ascenso de aires cálidos y húmedos, nunca los vi llorando. 


EL LAGARTO ESTÁ LLORANDO
Poema infantil de FEDERICO GARCÍA LORCA

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.
El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos. 
Han perdido sin querer
su anillo de desposados. 
¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!
Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros. 
El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso. 
¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos! 
¡Ay cómo lloran y lloran, ¡ay!,
 ¡ay!, cómo están llorando!
  


viernes, 14 de septiembre de 2012

SERIE GABÓN: La vida es sueño

 Moscas tsé-tsé sobre una embarcación en el Parque Nacional de Loango (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

“Desoí las recomendaciones del guía y ahora tengo sueño a todas horas, menos cuando debo dormir. Sabía que los colores azul oscuro y negro las atraería y que cuanta más superficie de mi cuerpo expusiera, mayor riesgo de picadura. Pero yo soy así: irreflexiva, insensata, imprudente. Ya me lo decía mi madre. Las moscas rodearon la embarcación en cuanto abandonamos la Laguna de Iguéla y el cauce del río se estrechó, adentrándonos en el Parque Nacional de Loango. Una de ellas me mordió en el hombro, que llevaba al descubierto, y a continuación sentí la zona dolorida, que enrojeció notoriamente. Muchos piensan que las moscas tsé-tsé, presentes sólo en la África subsahariana, entre el paralelo 15 de latitud norte y el paralelo 20 de latitud sur, no transmiten enfermedades graves ni suelen provocar reacciones adversas. Pero se equivocan, subestiman el peligro potencial de una enfermedad -la enfermedad del sueño- que afecta a 60 millones de personas y para la que no hay vacuna ni profilaxis médica. Lo cierto es que, sin tratamiento a tiempo, la muerte tras la infección parasitaria que provocan estos insectos puede presentarse en los seis meses posteriores a la picadura. En su desarrollo, se sufren sucesivamente trastornos sensoriales, motores, psíquicos y neurológicos. El sueño se vuelve incontrolable... Yo me siento débil, muy irritable, con fuertes dolores de cabeza y musculares, taquicardias, fiebre alterna y un picor generalizado. He perdido bastante peso y se me han inflamado los ganglios linfáticos. Estoy de los nervios. Por eso echo un vistazo a la ficha médica que cuelga de esta cama de hospital donde llevo una semana ingresada... Temo confirmar mis sospechas... Diagnóstico: Tripanosomiasis africana. Pronóstico: coma profundo…”. Pero no temas por mí, porque esto ha sido una mera ficción inspirada, como el poema de Antonio Machado, en unas moscas voraces que, eso sí, a punto estuvieron de picarme.

LAS MOSCAS
Antonio Machado

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas;
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
¡Oh viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela
—que todo es volar—, sonoras,
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada;
de siempre... Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

SERIE GABÓN: Simetrías

 
 Reflejos de la selva en las aguas del río Ogooué (Gabón).
Fotos: Carmen del Puerto.

El hombre de Vitruvio (1487), de Leonardo da Vinci, representaba la simetría del cuerpo humano, aunque no tengamos dos corazones. También la del Universo en su conjunto, aunque “la armonía invisible es mayor que la visible”. Una margen del espléndido río que corta Gabón en dos mitades hace de perfecto eje de simetría, reflejándose en las aguas fluviales los contornos invertidos de la selva. Naturaleza duplicada, gozo de los sentidos y Heráclito en mi memoria: “En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]»”.

SERIE GABÓN: Los hipopótamos y el cuento de Caperucita

 
 Pintura mural de un hipopótamo en Port-Gentil (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

 
Hipopótamos en el río Ogooué (Gabón).
Fotos: Carmen del Puerto.

Podrían haber inspirado el cuento de Caperucita. Si bien orejas, ojos y orificios nasales, que usan como periscopios cuando están sumergidos, no nos asustarían en principio, sí lo harían sus mandíbulas, que pueden abrirse un ángulo de 150 grados, y sus afilados dientes caninos. En Gabón, estos mamíferos anfibios se bañan en familia en el río Ogooué, atentos a la molesta osadía de los humanos que pasan rozándoles con sus barcas. Pero los hipopótamos también se acercan a las playas ecuatoriales del Océano Atlántico para refrescarse en agua salada y jugar con las olas del mar. Si te los encuentras en la orilla, debes prever que estos animales, de patas cortas y varias toneladas de peso, son capaces de alcanzar hasta 50 km/h, por encima del promedio humano (45 km/h). Tu única oportunidad es ser un atleta olímpico plusmarquista y correr más que ellos en los primeros 100 m. Si lo consigues, habrás evitado morir en sus fauces. Al cabo de unos minutos, los hipopótamos acusan su inherente obesidad y abandonan la carrera.

 Restos del cráneo de un hipopótamo en la isla de Evaro, en la región de los Lagos próxima a Lambaréné (Gabón).
Foto: Carmen del Puerto.

Hasta su cráneo impone. Por algo, los hipopótamos forman parte de la megafauna africana, junto a elefantes y rinocerontes. El miedo ante su presencia, cuando sólo te protege una frágil embarcación, te hace olvidar la coreografía con cocodrilos de la coqueta bailarina hipopótamo que interpretaba “La danza de las horas”, de Ponchielli, en la maravillosa Fantasía de Walt Disney. Tampoco viene a tu memoria el famoso hipo aullido huracanado del entrañable Pepe Pótamo, vestido de explorador con salacot y acompañado de Soso, su fiel amigo chimpancé, en su globo mágico.

 
 
 Hipopótamos en el Parque Nacional de la Bénoué (Camerún).
Fotos: Carmen del Puerto.

“Caballos de río” para los griegos, “búfalos de agua” para los árabes y, cuando aún estaban presentes en el Nilo, “cerdos de río” para los egipcios. Estos últimos distinguieron claramente entre machos, representación del mal, y hembras, símbolos de fertilidad y maternidad tras observar cómo las hipopótamas defendían ferozmente a sus crías. A pesar de su apariencia, no son parientes de los cerdos, sino de las ballenas y otros cetáceos, con un ancestro común hace 60 millones de años. Y aunque son herbívoros, se comportan agresivamente, despedazan animales y devoran hombres. La justificación: instinto de supervivencia. Ahora que protegemos a los elefantes, los cazadores furtivos han desviado su atención hacia los colmillos nada despreciables de los hipopótamos, ya en la lista de especies amenazadas.


Fantasía, de Walt Disney: “La danza de las horas”, de La Gioconda (Amilcare Ponchielli):

Pepe Pótamo, de Hanna Barbera. “Aventura con Cleopatra”: