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sábado, 20 de agosto de 2011

MÉXICO, ¡ÁNDALE!: La niña tzotzil de los girasoles

Foto: Carmen del Puerto.

San Cristóbal de las Casas, Chiapas (México), 12/07/2011

Los girasoles ya se cultivaban en la América precolombina antes de que los españoles los introdujeran en Europa. Ahora son motivos decorativos habituales en la artesanía mexicana. ¿Me venderá esta niña tzotzil uno de esos tapetes rosas o verdes con girasoles amarillos? ¿Me venderá también un cinturón trenzado de colores? ¿Sabrá contar los pesos? ¿Negociará si regateo el precio?... En conciencia espero un taxativo “no” a todas esas preguntas, confiando en que la niña indígena de la foto sólo esté cuidando un momento la mercancía de su madre en el puesto del mercadillo. Y quiero pensar que simplemente ella está ahí, posando con su atuendo chiapaneco, fantástica, antes muerta que sencilla y ajena a los versos de Miguel Hernández: “Contar sus años no sabe/ y ya sabe que el sudor/ es una corona grave… “

MÉXICO, ¡ÁNDALE!: Textiles de los Altos de Chiapas


 Foto: Carmen del Puerto.

San Cristóbal de las Casas, Chiapas (México), 12/07/2011

Las indígenas tzotziles descienden de las montañas, de los Altos de Chiapas, para vender su  artesanía textil a unos turistas siempre ávidos de recuerdos que llevarse de regreso a sus países de origen. Muchas de estas mujeres se organizan en cooperativas, lo que les permite producir mayores volúmenes en mejores tiempos de esos jaspes precolombinos de algodón con los colores del Altiplano. En otros casos, se trata de extensos negocios familiares en el que trabajan todas las mujeres e incluso los más pequeños. En el mercadillo tradicional al pie de las escalinatas de la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en San Cristóbal de las Casas, es tal la exuberancia de color, que no puedes resistirte. Y terminas comprando al por mayor manteles, telas y cojines bordados, cuando no hermosas blusas y huipiles, pero siempre con un margen de regateo bien “urdido”.

MÉXICO, ¡ÁNDALE!: Las dos Fridas


Las dos Fridas, de Frida Khalo. Museo de Arte Moderno de Ciudad de México.
Foto: Carmen del Puerto.

México D.F. (México), 06/07/2011

Mujeres que sufren hay muchas en el mundo, también en México. Mujeres que son salvajemente torturadas y degolladas por psicópatas que matan impunemente, como en Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua. Mujeres que han de viajar en vagones de metro reservados para ellas a salvo de un libidinoso resabio machista, como en Distrito Federal. Mujeres indígenas que, a pesar de su lucha (y de vender hermosos huipiles en los mercados de Chiapas), siguen siendo las más excluidas de los excluidos y objeto de una triple discriminación: de clase, de etnia y de género.

Frida Khalo también sufrió y así lo expresaba en sus pinturas, de iconografía no siempre políticamente correcta. Suerte que hoy conozcamos a la artista mexicana por la calidad de su obra y por su modernidad intelectual, aunque resulta difícil valorarla al margen del sufrimiento que la persiguió toda su vida: la poliomielitis, que la dejó lisiada ya de niña; el accidente del autobús y el tranvía, que le fracturó la columna y la pelvis y cuyas secuelas malograrían sus futuros embarazos; las numerosas operaciones quirúrgicas a las que debió someterse; los corsés que tuvo que llevar hasta estando postrada en la cama… y una atormentada relación sentimental con el muralista mexicano, un infiel, quizá no desleal, Diego Rivera. Su doloroso divorcio inspiró el doble autorretrato Las dos Fridas, que alberga el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México. En el cuadro, unas tijeras han cortado la arteria que une a las dos mujeres, las dos naturalezas -mexicana y europea- de la pintora, salpicando de sangre el blanco de su vestido. Heridas emocionales de una vida de película que Salma Hayek y Alfred Molina interpretan con más glamour que rigor biográfico.

MÉXICO, ¡ÁNDALE!: Arte huichol en París

 

Obras del chamán huichol José Benítez Sánchez.
Fotos: Carmen del Puerto.

Los huicholes son un pueblo autóctono de la Sierra Madre Occidental de México que han conservado hasta el presente sus creencias ancestrales, a diferencia de otras etnias indígenas del país, ahora de religión católica. El chamán mexicano José Benítez Sánchez (1938-2009), también conocido como Yucaye Kukame (“Caminante silencioso”), componía con la técnica del estambre (hilo de lana sobre madera) auténticas obras de arte contemporáneo. Unas obras que, como el arte aborigen australiano, no sólo tienen un gran valor estético y  un colorido impactante. También cuentan historias, mitos y cosmovisiones.

 

 Obras del chamán huichol José Benítez Sánchez. 
Abajo, El camino de los tres mundos, de 120 cm.
Fotos: Carmen del Puerto.

Los tres mundos de la cosmogonía huichola son el océano, la sierra y el desierto, que se corresponden con los tres espacios de la búsqueda interior por orden cronológico. Los huicholes tienen claro que la vida comenzó en el océano, donde vivían los dioses, sus ancestros. Al abandonarlo en busca de mayor iluminación, descubrieron la sierra, el Cerro del Amanecer, el lugar por donde saldría el Sol y donde algunos empezaron a desarrollar la vida cotidiana. Pero la peregrinación de los verdaderos antepasados huicholes culminaba en Wirikuta (la sierra de Catorce, en el desierto de San Luis Potosí), con el nacimiento del Sol. Todo un peregrinaje ritual, de poniente a oriente, que los huicholes suelen hacer ayunando, confesando públicamente sus pecados y caminando 45 días hasta llegar a aquel desierto. La recompensa es una planta mágica, el peyote, que comen para tener las visiones supuestamente enviadas por los dioses y plasmadas posteriormente en sus obras de arte.

Ver El encuentro con el Espíritu del Híkuri (Peyote) por Elízabeth Méndez en: http://www.realdecatorce.net/huicholes.htm

Una exposición en París, en el Centro Cultural de México (Instituto Cultural de México), mostraba, entre otras, las obras que aquí reproduzco, coincidiendo con la celebración de “El año off de México en Francia”. Una atractiva muestra concebida por Ediciones Artes de México bajo el título “Huichol, un peuple qui chemine à la recherche de l’aube” (“Huicholes, un pueblo que camina en busca del amanecer”) y bajo el comisariado de Gabriela Olmos, directora adjunta de la revista Artes de México.

MÉXICO, ¡ÁNDALE!: Las iguanas de Tulum

Foto: Carmen del Puerto.

Tulum, Quintana Roo (México), 19/07/2011

Tulum es una ciudad mexicana del litoral caribeño conocida no sólo por sus playas color turquesa o por sus cenotes de agua dulce. También por sus iguanas, guardas de un espectacular yacimiento precolombino, emplazado en un acantilado sobre el mar. No se sabe muy bien si estos ejemplares proceden de los reptiles originales que convivieron con los mayas o han sido especies reintroducidas posteriormente para ambientar mejor el recorrido por la zona arqueológica. La cuestión es que se pasean desafiantes por la roca caliza y roban protagonismo a los templos y al castillo de la ciudad maya que protegía las rutas comerciales marítimas hasta el siglo XVI. Un cronista español que acompañó al conquistador Juan de Grijalva en su expedición al Yucatán, en 1518, comparó la belleza de Tulum con la de Sevilla, aunque en la ciudad andaluza nunca hubo iguanas.


(Recomiendo hospedarse en el hotel Villa Matisse de Tulum, alojamiento económico donde no sólo se guarda memoria al vanguardista pintor francés. También se ofrecen hamacas de colores para la siesta, bicicletas para ir a la playa y un trato exquisito por parte de la dueña.)

MÉXICO, ¡ÁNDALE!: Si Pakal levantara la cabeza…


 
 Foto: Carmen del Puerto.

Palenque, Chiapas (México), 15/07/2011

Si el gran rey de Palenque levantara la cabeza y se viera convertido en un “astronauta” llegado de otro mundo -lectura errónea de los restos arqueológicos que defienden los amantes de lo paranormal-, se volvería a hacer encerrar en su magnífica tumba de 20 toneladas que tan bien le ocultó durante siglos. K’inich Jannab’ Pakal o “Gran Señor Escudo Solar” fue uno de los soberanos más gloriosos de las ciudades mayas de Mesoamérica, constructor de pirámides y vencedor de batallas y a quien no desmereció su hijo, K’inich Kan Balam II, o “Serpiente Jaguar orientada al Sol”. En México, mayas, aztecas y teotihuacanes, entre otros, dejaron improntas imborrables que hoy explotan los mercadillos de souvenires establecidos en los propios yacimientos. Un ejemplo son los pirograbados en piel con la inscripción de la gran losa del sarcófago de Pakal (ver detalle en la foto) hallado en el solemne Templo de las Inscripciones. En ella, el monarca, en extraña postura, con la antorcha craneal de su linaje divino, un hueso prendido de la nariz como símbolo de renacimiento y una ceiba sagrada o axis mundi brotando de su vientre, está a punto de iniciar el viaje al inframundo, aunque no en una nave espacial. Un buen guía turístico del país siempre estará dispuesto a contarte la verdadera historia de un rey que supo reinar, aunque en su época también rodaran cabezas.

MÉXICO, ¡ÁNDALE!: Las flores de Oaxaca


 Fotos: Carmen del Puerto.

Oaxaca (México), 10/07/2011

Sorprendidos, no miran al fotógrafo, sino a una turista que les ha regalado unas flores, posiblemente adquiridas en el mercado de Oaxaca a una expresiva anciana que sólo así dejaría su rostro lleno de surcos en una cámara digital. Los dos hermanos se alejan sonriendo para contárselo a sus padres, que atienden un puesto de artesanía en la plaza del Zócalo. Cuando el destino hace que de nuevo se encuentren con la misma turista, los niños se acercarán a ella también con una sonrisa, aunque ya no para darle un abrazo en agradecimiento por el ramo, sino mendigando dinero para mantener a su familia, una lección bien aprendida en las zonas más castigadas de México. Pero… ¿quién puede reprochárselo?

MÉXICO, ¡ÁNDALE!: El estigma


Foto: Carmen del Puerto.

Ciudad de México (México), 04/07/2011

México es un país tan inmenso que en él caben cuatro Españas. Pero las alarmas saltan cuando un día, y otro también, los medios de comunicación hablan de muertos en Sinaloa, Durango, Morelos, Nayarit, Michoacán o Guanajuato. Incluso en D.F., la capital, con sus 20 millones de habitantes y su temida contaminación. Tal campaña publicitaria, si no te disuade, al menos te obliga a viajar por el país con temor, eludiendo las zonas de conflicto, mayoritariamente en el norte. Pero esto sólo sucede hasta que descubres el otro México, alejado del dominio del narcotráfico y obsesionado por liberarse del estigma. Es entonces cuando empiezas a viajar segura, disfrutando de la espléndida oferta mexicana: esas ciudades coloniales con fachadas e iglesias de colores, esas pirámides mayas en la selva, esa comida “bien picantita”, esa artesanía indígena, esas playas, esas marimbas y esos mariachis. Es entonces cuando descubres que México es un país “pacífico”, como el nombre del océano que baña su litoral de poniente, y que los mexicanos son gente “cálida”, como las aguas del Caribe, que baña el lado este de la península del Yucatán. Y es entonces cuando descubres que no te has equivocado cuando llegaste a ese aeropuerto donde un mural étnico te daba la bienvenida al “país de las culturas milenarias”.