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sábado, 3 de marzo de 2012

EROTISMO: Las diosas del amor


 La Venus de Milo, de autor desconocido, en el Museo del Louvre (París).
Foto: Carmen del Puerto.

¿Quiénes inspiraban a los escultores griegos? ¿Quiénes eran las diosas del amor? Praxíteles eligió a su amante, la hetaira Friné, como musa y modelo para esculpir su Venus de Cnido (muy anterior a la de Milo, que se conserva en París). Ella fue acusada, como Sócrates, del llamado “delito de impiedad”: lo elevado de su tarifa, como si se tratara de la mismísima Afrodita, se consideró una falta de respeto a los dioses, una amenaza al orden establecido. Pero gracias a la defensa del orador ateniense Hipérides y, sobre todo, a la belleza sin igual de la prostituta, cuyo desnudo integral enmudeció a los jueces, no fue condenada a muerte.

Muchas hetairas fueron famosas no sólo por su hermosura y destacaron por su talento. Al fin y al cabo, ellas eran las únicas mujeres que recibían una exquisita educación y podían acceder a ese ambiente intelectual y aristócrata de los sympósia, frecuentados entre otros por los filósofos griegos.

Reproduzco aquí el preámbulo poético que escribí para un trabajo universitario de Historia sobre la presencia de la mujer en aquellos sympósia.


Allí cabalgaban juntos lo lícito y lo prohibido.
Allí se dieron cita para el intercambio, no sólo de ideas socráticas o platónicas.
Allí se hacían libaciones a Dioniso, se bebía vino en kýlix,
se jugaba al kóttabos, se cantaban skólia,
se escuchaba música acompañada de aulós o bárbitos
y se mantenían interludios homoeróticos recostándose en klinai.

Y allí estaban ellas, en aquellas reuniones de hombres,
esperando un papel en la Historia.
Cuando los roles de las mujeres estaban muy claros,
cuando no había margen para potenciar su intelecto.

Pero ¿fue sólo sexo lo que ofrecieron las hetairas que accedieron a los banquetes aristócráticos,
envueltas en el azafrán de sus transparentes jitones?

Ayer, los sympósia griegos eran instituciones educativas
y, a la vez, antros de perdición,
que en el devenir dieron paso a los banquetes romanos.
Hoy, tras latinizar la palabra, organizamos un symposium sobre casi todo.
Y, cómo no, también sobre los simposios de la Antigüedad,
inmortalizados en la pintura de copas, escifos, peliques y cráteras...
aunque ya no es costumbre mezclar el vino con agua,
ni tampoco consagrarlo a los dioses.
  

EROTISMO: La mirada masculina


Hugh Jackman, en un fotograma de la película Australia (Buz Luhrmann, 2008).
Foto del fotograma: Carmen del Puerto.

Me gusta cómo mira Robert Redford a las mujeres, pero a mi actor favorito le reservo una serie de entradas especiales sobre él y su filmografía en este bazar de la Retórica. Ahora me centraré en otro actor –hay muchos- que mira con sensualidad, además de tener un escultural cuerpo de cánones renacentistas. Lo demostró en Australia, épica y romántica película de largo metraje. En una de sus escenas, un Drover muy macho (Hugh Jackman), rudo conductor de ganado australiano, enseña un torso de infarto a una recatada inglesa Lady Ashley (Nicole Kidman), que verá alteradas sus hormonas femeninas y aparcados sus remilgos aristocráticos. Especialmente cuando, en otras escenas, él la penetre con su peligrosa mirada, ya sea vestido de vaquero polvoriento o de elegante etiqueta. Me pregunto cómo me habría sentido yo rodando esta película en las antípodas.

EROTISMO: La traducción del Kamasutra

Detalle de una de las obras de la exposición “Paris-Delhi-Bombay: India through the eyes of Indian and French artists”, en el Centro Georges Pompidou de París, en 2011.
Foto: Carmen del Puerto.

Sir Richard Francis Burton fue todo un fenómeno. En 1850, el capitán Burton y el teniente Speke emprendieron, con financiación de la Real Sociedad Geográfica de Londres, la búsqueda de las fuentes del Nilo y, en el camino, descubrieron el lago Tanganica. Esta expedición, realizada en nombre del Imperio Británico y de la Reina Victoria, se resume en los numerosos diarios que Burton dejó escritos, algunos de los cuales componen hoy Las Montañas de la Luna, de lectura obligada si te gusta viajar por el continente africano.

Pero Burton se hizo famoso no sólo por sus exploraciones en Asia y África, sino por su conocimiento de culturas y lenguas. Hablaba casi treinta y él hizo la primera traducción al inglés de Las mil y una noches y del Kamasutra. Gracias a Burton, por tanto, se conocieron en Europa los cuentos de Sherezade y los aforismos sobre la sexualidad de Vatsiaiana, autor del texto hindú que tanto ilustra sobre posturas y maneras de hacer el amor.

Para ambientar, no podía faltar una canción:
Je t'aime… Moi non plus, de Serge Gainsbourg y Jane Birkin:

EROTISMO: La imperfección


El David (1501-1504), de Miguel Ángel Buonarroti, 
en la Galería de la Academia de Florencia (Italia).
Foto: Carmen del Puerto.

Ya sé que no eres perfecto, que tus manos no guardan proporción con la longitud de tus brazos. Pero me enamoré de ti la primera vez que te descubrieron mis ojos sobre un pedestal en Florencia. Me fascinó tu cuerpo, tan escultural, marmóreo, anatómico y majestuoso, con tus más de 5 metros de altura. Todo un icono de la belleza masculina. Fuiste una obra maestra del Renacimiento, diseñado para que fueras contemplado con asombro desde cualquier punto de tu perímetro. Representando al rey bíblico, que venció al gigante Goliath, te eligieron símbolo de Florencia frente a la hegemonía de los Médici y la amenaza de los Estados Pontificios. Muchos dicen que no estás circuncidado a pesar de ser judío porque los valores de la belleza primaban sobre la religión en el arte renacentista. Yo te admiro en cualquier caso, aunque he de confesarte que no tanto como a Miguel Ángel.