sábado, 1 de octubre de 2011

I LOVE PARIS: La vie en rose


 Flor del Jardín de las Tullerías (París).
Foto: Carmen del Puerto.

Los colores a veces tienen nombres o apellidos: blanca nieve, mente en blanco, sol amarillo, sangre azul, sangre roja, azul cielo, verde esperanza... Yo prefiero ser cursi y, como mi pantera favorita, pintar la vida de rosa, sinónimo de ternura, amor, dulzura, afecto y simpatía. Para el negro -guerras, hambre, crisis…-, ya están los telediarios. Insisto, mejor la vida como la cantó Edith Piaf, a pesar de la adversidad que acompañó siempre a tan popular francesa. Escuchando La vie en rose, uno de sus grandes éxitos, las penas se desvanecen y la felicidad se instala, aunque la historia de amor no dure para siempre.

LA VIE EN ROSE

Des yeux qui font baisser les miens,--->Ojos que hacen bajar los nuestros,
un rire qui se perd sur sa bouche,--->una risa que se pierde en su boca,
voila le portrait sans retouche--->he aquí el retrato sin retoque
de l'homme auguel j'appartiens.--->del hombre al que pertenezco.

Quand il me prend dans ses bras,--->Cuando me toma en sus brazos,
il me parle tout bas,--->me habla en voz baja
me vois la vie en rose,--->veo la vida en rosa,
il me dit des mots d'amour,--->me dice palabras de amor,
des mots de tous les jours,--->palabras cotidianas
et ca me fait quelques choses.--->y eso me hace vibrar.

Il est entre dans mon coeur,--->Ha entrado en mi corazón,
une part de bonheur,--->una parte de la felicidad,
dont je connais la cause, c'est lui pour,--->conozco el motivo, él es para mí,
moi, moi pour lui dans la vie--->yo para él toda la vida,
il me l'a dit, l'a jure pour la vie,--->me lo dijo, lo juró por la vida,
et des que je l'apercois---->y en cuanto lo percibo
alors je sens en moi, mon coeur qui bat...--->entonces siento en mí, mi corazón latir...

Des nuits d'amour a plus finir,--->Noches de amor interminables,
un grand bonheur qui prend sa Place,--->una gran felicidad que se instala,
les ennuis, des chagrins s'effacent--->los problemas y las penas se desvanecen,
heureux, heureux a en mourir.--->feliz, feliz a morir.


La vie en rose, por Edith Piaf (1972):

I LOVE PARIS: Gárgolas


 Panorámica de París desde la catedral de Notre Dame.
Foto: Pablo López Ramos.

“Hay paisajes que ni las piedras se cansan de observar.”
Una buena frase para una buena foto.
(Gracias, Pablo, por dejarme publicar ambas en El Bazar de la Retórica).


 Gárgolas (arriba) de la Torre Saint-Jacques de París (abajo).
Fotos: Carmen del Puerto.

Sólo el campanario de Saint-Jacques, de estilo gótico flamígero y decorado con imágenes de santos, ha resistido el paso del tiempo. La iglesia principal fue destruida a finales del siglo XVIII. De allí partían los peregrinos para hacer el Camino de Santiago de Compostela por la Vía Turonensis. En lo alto de la torre, monstruosas gárgolas custodian los símbolos, esculpidos en las esquinas, de los cuatro Evangelistas: el león (san Marcos), el buey (san Lucas), el águila (san Juan) y el hombre (san Mateo), junto a una estatua de Santiago el Mayor. Religión en las alturas y ciencia en la base del campanario, donde el físico y matemático francés Blaise Pascal se quedó “de piedra” por haber demostrado desde la torre, en 1648, el peso del aire.

I LOVE PARIS: Estación Parmentier


Exposición sobre la patata en la estación de metro Parmentier de París.
Foto: Carmen del Puerto.

¿Quién fue Parmentier para que una estación de metro en París lleve su nombre? Antoine Augustin Parmentier, “un agrónomo, naturalista, nutricionista e higienista francés”, dice la Wikipedia. Su gran contribución a la humanidad fue defender el valor nutritivo de la patata. Hasta entonces, el tubérculo se consideraba indigesto y perjudicial para la salud, causa de  lepra y escrófulas. Su cultivo estaba prohibido. Pero eran tiempos de hambrunas, y Parmentier ganó la batalla a la ignorancia. Unos paneles expositivos en la estación homónima explican la historia de la “ponme de terre”, originaria de Perú, motivo de orgullo en Francia y hoy consumida en todo el mundo.

Curiosa historia en:

I LOVE PARIS: El honor de Lafayette


 
 
Galerías Lafayette de París.
Fotos: Carmen del Puerto.

El Marqués de Lafayette, héroe de la Revolución Americana y personaje notable de la Francesa, se paseaba por el boulevard Haussmann, en el Noveno Distrito de París, cuando exclamó: “Sacré bleu!, Qu’ est-ce que c’est?”. Ni haber propuesto que se convocaran  los Estados Generales de Francia, ni haber presentado el borrador de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, ni haber incluido el color blanco entre el azul y el rojo en la bandera nacional, le hacían merecedor de tal afrenta. “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” ¿Qué dirá la nobleza de semejante frivolidad? Un marqués, que ha resistido todos los vaivenes políticos con la cabeza sobre los hombros, rebajado a dar nombre a unos grandes almacenes, la mayor superficie comercial del mundo occidental, con una variada oferta en moda y complementos, sinónimo de elegancia parisina y alta costura, en ese edificio tan bello, con cúpula de cristal de estilo Art Nouveau, más propio de un teatro, junto a la prestigiosa Ópera Garnier… Mon Dieu, ahora sólo me recordarán por las rebajas!”.

I LOVE PARIS: Napoleón y Josefina


 Fragmento de La coronación de Napoleón (1805-1808), de Jacques-Louis David.
Óleo sobre lienzo (629 cm × 979 cm). Museo del Louvre (París).
Foto: Carmen del Puerto.

No hablaré de Napoleón, del corso más famoso del la historia, ni de su mujer, la emperatriz Josefina, repudiada por no darle hijos. Aunque él le dirigía cartas románticas –a veces, lascivas- cuando se ausentaba por razones militares. Claro que no había muchas oportunidades con tantas campañas y ausencias del Bonaparte. Pero no hablaré de Napoleón, aunque fue él quien estableció en París la capital de su imperio, como centro político, administrativo y cultural de Francia. Y fue en la catedral gótica de Notre-Dame, en la pequeña Isla de la Cité, rodeada por las aguas del río Sena, donde el hijo de la Revolución se retrató pomposamente con su primera esposa y doscientos personajes más, la mayoría altos dignatarios y eclesiásticos del Imperio. Allí celebró su consagración, “por la gracia de Dios”, y su coronación, “por su propia mano”, con símbolos reales carolingios y con laureles de oro, como hacían los césares en la Antigua Roma. No hablaré de Napoleón, ni de su megalomanía. ¡Qué inmensa la pintura de Jacques-Louis David! Ni que la hubiese encargado el mismísimo emperador.


 Catedral de Notre Dame (París) vista desde el río Sena, de día y en verano.
Foto: Carmen del Puerto.

 Catedral de Notre Dame (París), de noche y en invierno.
Foto: Carmen del Puerto.