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sábado, 1 de octubre de 2011

I LOVE PARIS: El escriba


 Cabeza de El escriba sentado. Museo del Louvre (París).
Foto: Carmen del Puerto.

¿Por qué me mira tan fijamente? ¿Tendremos algo en común? Quizá nos conocimos en otra vida, hace 4.000 o 5.000 años, en el Antiguo Egipto. Pero no, lo recordaría. Si bien es cierto que no es la primera vez que nos cruzamos las miradas. “Perdone que no me levante”, se excusa. “Llevo en esta postura tanto tiempo, que se me han dormido las piernas”. “Por mí no se preocupe”, le tranquilizo. “La que visito el Museo soy yo”. Y con una osadía que me traiciona, descargo: “Usted era un alto funcionario del lmperio, ¿verdad? Seguro que tenía un buen sueldo y le valoraban socialmente. Hoy, trabajando en la Administración, le recortarían la nómina. Ya sabe, la crisis. Y dudo de que algún medio de comunicación le contratara como periodista, por muy buen currículum que tuvieran los escribas egipcios. Y en esa faceta –concedo-, sí nos parecemos: nos gusta escribir, contamos historias, aunque usted con un cálamo sobre un papiro y yo con un teclado sobre una pantalla de ordenador. Realmente no es tanta la diferencia y los dos hacemos uso de la retórica”. “Yo me siento muy orgulloso de mi oficio”, me dice con sus ojos de cristal, córneas de alabastro, iris de basalto y pupilas de plata.

I LOVE PARIS: Rien de rien


 La Torre Eiffel, vestida de noche.
Foto: Maryola Porras del Puerto.

Edith Piaf, como la Torre Eiffel, es un icono parisino universal. Hija de acróbata y criada en un prostíbulo, la musa de los existencialistas devino en la gran dama de la canción francesa. “El pequeño gorrión”, toda una leyenda, ayudó a Yves Montand, Gilbert Bécaud, Charles Aznavour y Georges Moustaki en sus carreras musicales. Con voz quebrada, nos dejó su filosofía en una canción con letra de Michel Vaucaire y música de Charles Dumont. Aquella mujer menuda, que vestía de negro y resistía la vida con dosis de morfina, no lamentaba nada. Su “himno” emociona tanto...

(Elena, gracias por descubrirme en francés el mensaje de esta canción)

NON, JE NE REGRETTE RIEN

Non, rien de rien……… No, nada de nada
non, je ne regrette rien….. no, no lamento nada
ni le bien qu'on m'a fait, ni le mal…. ni el bien que se me hizo, ni el mal
tout ça m'est bien égal…. todo eso me da igual.

Non, rien de rien……. No, nada de nada
non, je ne regrette rien…… no, no siento nada
c'est payé, balayé, oublié….. está pagado, barrido, olvidado,
je me fous du passé…… mis locuras del pasado.

Avec mes souvenirs…… Con mis recuerdos
j'ai allumé le feu……….. encendí el fuego
mes chagrins, mes plaisirs….. mis tristezas, mis placeres
je n'ai plus besoin d'eux…. no los necesito más
balayés mes amours….. barridos mis amores
avec leurs trémolos….. con sus temblores
balayés pour toujours….. barridos para siempre
je repars à zéro…. vuelvo a partir de cero.

Non, rien de rien…. No, nada de nada
non, je ne regrette rien…. no, no lamento nada
ni le bien qu'on m'a fait, ni le mal….. ni el bien que se me hizo, ni el mal
tout ça m'est bien égal…. todo eso me da igual.

Non, rien de rien…..No, nada de nada
non, je ne regrette rien……no, no lamento nada
car ma vie……. porque mi vida
car mes joies….porque mis alegrías
aujourd'hui……. hoy
ça commence avec toi... comienzan contigo…


Non, je ne regrette rien, por Edith Piaf (1961):

No regrets, por Shirley Bassey (1964):

I LOVE PARIS: La vie en rose


 Flor del Jardín de las Tullerías (París).
Foto: Carmen del Puerto.

Los colores a veces tienen nombres o apellidos: blanca nieve, mente en blanco, sol amarillo, sangre azul, sangre roja, azul cielo, verde esperanza... Yo prefiero ser cursi y, como mi pantera favorita, pintar la vida de rosa, sinónimo de ternura, amor, dulzura, afecto y simpatía. Para el negro -guerras, hambre, crisis…-, ya están los telediarios. Insisto, mejor la vida como la cantó Edith Piaf, a pesar de la adversidad que acompañó siempre a tan popular francesa. Escuchando La vie en rose, uno de sus grandes éxitos, las penas se desvanecen y la felicidad se instala, aunque la historia de amor no dure para siempre.

LA VIE EN ROSE

Des yeux qui font baisser les miens,--->Ojos que hacen bajar los nuestros,
un rire qui se perd sur sa bouche,--->una risa que se pierde en su boca,
voila le portrait sans retouche--->he aquí el retrato sin retoque
de l'homme auguel j'appartiens.--->del hombre al que pertenezco.

Quand il me prend dans ses bras,--->Cuando me toma en sus brazos,
il me parle tout bas,--->me habla en voz baja
me vois la vie en rose,--->veo la vida en rosa,
il me dit des mots d'amour,--->me dice palabras de amor,
des mots de tous les jours,--->palabras cotidianas
et ca me fait quelques choses.--->y eso me hace vibrar.

Il est entre dans mon coeur,--->Ha entrado en mi corazón,
une part de bonheur,--->una parte de la felicidad,
dont je connais la cause, c'est lui pour,--->conozco el motivo, él es para mí,
moi, moi pour lui dans la vie--->yo para él toda la vida,
il me l'a dit, l'a jure pour la vie,--->me lo dijo, lo juró por la vida,
et des que je l'apercois---->y en cuanto lo percibo
alors je sens en moi, mon coeur qui bat...--->entonces siento en mí, mi corazón latir...

Des nuits d'amour a plus finir,--->Noches de amor interminables,
un grand bonheur qui prend sa Place,--->una gran felicidad que se instala,
les ennuis, des chagrins s'effacent--->los problemas y las penas se desvanecen,
heureux, heureux a en mourir.--->feliz, feliz a morir.


La vie en rose, por Edith Piaf (1972):

I LOVE PARIS: Gárgolas


 Panorámica de París desde la catedral de Notre Dame.
Foto: Pablo López Ramos.

“Hay paisajes que ni las piedras se cansan de observar.”
Una buena frase para una buena foto.
(Gracias, Pablo, por dejarme publicar ambas en El Bazar de la Retórica).


 Gárgolas (arriba) de la Torre Saint-Jacques de París (abajo).
Fotos: Carmen del Puerto.

Sólo el campanario de Saint-Jacques, de estilo gótico flamígero y decorado con imágenes de santos, ha resistido el paso del tiempo. La iglesia principal fue destruida a finales del siglo XVIII. De allí partían los peregrinos para hacer el Camino de Santiago de Compostela por la Vía Turonensis. En lo alto de la torre, monstruosas gárgolas custodian los símbolos, esculpidos en las esquinas, de los cuatro Evangelistas: el león (san Marcos), el buey (san Lucas), el águila (san Juan) y el hombre (san Mateo), junto a una estatua de Santiago el Mayor. Religión en las alturas y ciencia en la base del campanario, donde el físico y matemático francés Blaise Pascal se quedó “de piedra” por haber demostrado desde la torre, en 1648, el peso del aire.