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sábado, 17 de marzo de 2012

CAMERÚN: Más allá del tatuaje

 Mujer mbororó de Camerún.
Foto: Carmen del Puerto.
  
Los mbororó son una etnia africana de pastores nómadas, de creencias animistas, aun practicando el Islam, y en conflicto permanente –al menos en el pasado- con otras etnias agricultoras y cristianas. Como los pigmeos, son marginados en Camerún por mantenerse fieles a sus tradiciones ancestrales. Sus mujeres presumen de sus escarificaciones faciales, marcas producidas por cortes con cuchillas y cubiertas con pigmentos azulados que resaltan en su piel negra. Huyen de posar ante las cámaras digitales debido, en parte, al celo de sus hombres, que han de pagar grandes sumas de dote por ellas. La joven madre mbororó de esta entrada luce orgullosa las cicatrices de su frente. Me crucé con ella en la carretera del poblado de Mbé, cerca del Parque Nacional camerunés de La Benoué, y tuve que pagar su sonrisa con francos CFA.

Tatuajes permanentes, perforaciones cutáneas (piercings), escarificaciones… ¿Es arte? ¿Es belleza? ¿Es tradición? ¿Es moda? ¿Es barbarie? Sabemos que hombres y mujeres de todos los tiempos y culturas han decorado su cuerpo de distintas maneras y por distintas razones. Sabemos que esta ornamentación corporal, marcas tribales en origen, sirve para identificar colectivos y rangos sociales. Y sabemos, también, que tales prácticas expresan y perpetúan roles de género discriminatorios: símbolos de fuerza en ellos y de belleza en ellas.

Pero, por encima de estas consideraciones y al margen de mi postura personal al respecto, creo que no se insiste lo suficiente en los riesgos sanitarios de romper la barrera natural del cuerpo, de exponer piel y mucosas, especialmente de determinadas zonas –oreja, nariz, labios, lengua, ombligo, genitales…- a infecciones bacterianas o víricas. Desde reacciones cutáneas y alergias, al contagio de enfermedades como tuberculosis, tétanos, sífilis, hepatitis e incluso VIH. Es más, ante el temor de que el pigmento de un tatuaje entre en contacto con la sangre o con la médula, no se podrá administrar anestesia epidural, tan utilizada en partos y otras intervenciones, a personas con tatuajes en la zona lumbar.

Sabiendo esto, al menos confío en que si las personas libremente optan por someterse a estas “servidumbres” de la moda, al menos lo hagan tomando todas las medidas higiénicas posibles, y que, en el caso de los tatuajes, por aquello del arrepentimiento y de los potenciales problemas psicosociales, usen, como marca la ley, pigmentos biodegradables, que desaparecen al cabo de los años.

CAMERÚN: Las damas de honor

 Damas de honor en una boda camerunesa. 
Foto: Carmen del Puerto.

Eclipsar a los novios en sus propias nupcias no es políticamente correcto. Pero intuyo que estas damas de honor de una boda camerunesa con protocolo, celebrada en Buea, ciudad anglófona del sur de Camerún, sabían del riesgo. Las delataba su sonrisa, acentuando el espectacular efecto del blanco de su elegante conjunto sobre el negro de su lozana piel y de su entorno. Seguro que todas se casarían pronto, aun temiendo un eclipse el mismo día de su enlace matrimonial.

CAMERÚN: Las mujeres Calabaza


 Mercado de las mujeres Calabaza en Tourou (Camerún).
Foto: Carmen del Puerto.
 
No son Cascos Azules o Fuerza de Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas. Tampoco han sido reclutadas por el gobierno para defender el territorio, pese a su casco militar de calabaza. Afortunadamente, Camerún no es un país en guerra. Pero estas mujeres sí contribuyen a sostener, en cierto modo, la economía estatal acudiendo todos los jueves al mercado de la remota Tourou, una aldea cercana a Mokolo, en el extremo norte del país. Las mujeres jidi, con sus sombreros de calabaza seca, roja y pirograbada, para protegerse del sol, informan con ella de su estatus y dan colorido al mercado, al que acuden los pueblos de alrededor, incluso algunos de la vecina Nigeria. Y los pocos turistas presentes, tras regatear como dios manda, compramos calabazas grasientas que colgar en el hall de nuestra casa para proteger a la abuela y al matrimonio.